La luna de miel duró poco, por lo menos políticamente hablando. Y es que más allá de que Barack Obama tenga buenos números en las encuestas, sus errores le pueden empezar a costar caro. Así lo demostró el episodio de su nominado para Secretario de Salud, el ex senador Tom Daschle, quien decidió retirarse ayer del proceso de confirmación en el Congreso por cuenta de problemas tributarios.
El anuncio se produjo a las pocas horas de que otra designación a un alto cargo, la de Nancy Killefer para una posición en la Casa Blanca, naufragara por la misma razón. Antes de la posesión del nuevo presidente el turno había sido para el ex gobernador Bill Richardson, designado a la Secretaría de Comercio, quien reveló que estaba siendo investigado por sus relaciones con una firma de contratistas públicos.
Debido a lo ocurrido, desde el campo republicano ya han comenzado a llover las críticas sobre la capacidad del mandatario para escoger a su equipo cercano.
El tema es importante, pero resulta aún más llamativo por cuenta de la crisis económica que requiere que todas las piezas del Gobierno estadounidense empiecen a moverse cuanto antes. Según los especialistas, el cambio de administración implica el remplazo de cerca de 3.000 funcionarios, un proceso que toma meses, pero que puede demorarse más todavía si los escándalos siguen.
Además, en plena discusión del plan de rescate valorado en más de 800.000 millones de dólares que hace su tránsito en el Senado, no resulta conveniente la distracción. En consecuencia, Obama hizo un acto de contrición público en una entrevista y dijo que no volvería a cometer errores que simplemente no necesita; a los pocos días de haber jurado como presidente.
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