La I Cumbre de las Américas se realizó, por iniciativa de Estados Unidos, en Miami en 1994 con el objeto de reorganizar las relaciones interamericanas, definir una nueva agenda, su contenido y los mecanismos aplicables a las nuevas condiciones políticas, económicas y sociales del escenario mundial y regional. Su tema central, el lanzamiento de las negociaciones para establecer una zona de libre comercio en las Américas.
Al fracasar esta iniciativa, las sucesivas cumbres realizadas en Santa Cruz (1996), Santiago (1998), Quebec (2001) y Mar de Plata (2005), han tenido un carácter marginal aprobando farragosas declaraciones, que van desde el desarrollo sostenible hasta la gobernabilidad democrática, y que han tenido muy pocos resultados prácticos.
En realidad las relaciones de E.U. con la región han tenido en estos años un carácter bilateral, primando los temas de narcotráfico, el terrorismo y el libre comercio, privilegiando a los países, como Colombia, que han compartido la prioridad dada por el Gobierno del presidente Bush a los mismos. Se ha dicho que el presidente Obama va a cambiar esta orientación hacia un rumbo multilateral y, en ese sentido, se ha planteado que la V Cumbre de las Américas, que se realiza del 17 al 19 de abril en Puerto España, sería una oportunidad única para que el nuevo presidente de E.U. señale los nuevos parámetros de esta relación.
En un discurso pronunciado por Obama en mayo del año pasado, el entonces candidato a la presidencia delineó lo que sería su "nueva política" en América Latina a través de un "nuevo enfoque", distinto al de Bush, el cual calificó como un fracaso, a través de la diplomacia directa por todo el hemisferio, para fortalecer la democracia y para promover los "valores e ideales americanos", para lo cual lanzaría una asociación energética para las Américas para desarrollar energías alternativas y daría ayuda para promover el desarrollo de la base hacia arriba.
¿Mantendrá Obama esos planeamientos que había formulado como candidato? Todo parece indicar que sí, pues la secretaria de Estado, Hillary Clinton, elevó la idea de desarrollar la Alianza Energética de las Américas a una máxima prioridad. Ello implicaría convertir el memorando de entendimiento suscrito en el 2007 entre Bush y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, para la producción conjunta de etanol y combustibles alternativos en sus respectivos países, Centroamérica y el Caribe, en un tratado regional, lo que significa que habría fondos estadounidenses para estudios de viabilidad y proyectos concretos, y tendría un alcance político y geográfico mucho mayor.
He estado revisando el proyecto de declaración de compromiso que se está negociando para esta Cumbre, y si bien el título de la misma busca "Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental", es muy extenso y aún no contiene una manifestación expresa del Gobierno norteamericano para establecer una alianza al respecto, ni el alcance de la financiación que está dispuesto a otorgar para establecer mecanismos como reservas regionales de petróleo o etanol, proporcionar fondos para estudios de viabilidad que permitirían a los países de la región determinar si pueden crear empleos y hacer crecer sus economías mediante el desarrollo de nuevas industrias de energía solar o eólica, o convertir a la soya, la caña de azúcar u otras cosechas en biocombustibles para uso interno y de exportación.
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