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Martes 14 de Febrero de 2012

Salarios de 500.000 dólares

Una de las medidas más aplaudidas del presidente Obama fue su decisión de imponer un límite de US$500.000 a los salarios de los gerentes de los bancos que han recibido ayudas del Gobierno. Es una reacción política frente a la indignación que causó saber que las empresas de Wall Street pagaron este año a sus ejecutivos casi US$20.000 millones en bonos, dizque por buenos resultados, a pesar de las multimillonarias pérdidas que tuvieron; además se piensa con mucho fundamento que una parte de esos bonos fue pagada con los dineros recibidos del Gobierno.

La medida también ha sido criticada, porque se dice que es una interferencia estatal al libre juego del mercado donde la oferta y la demanda deben fijar los salarios, y porque se teme que este límite pueda generar un éxodo de talento humano hacia empresas que no lo tienen.

En el corto plazo las críticas son infundadas porque, si fuera cierto que el mercado libre se autorregula, con tantas quiebras y reducciones de personal en entidades financieras el exceso de oferta de banqueros sin empleo debería bajar los salarios aún más.

Pero más allá de la coyuntura es necesario entender el porqué de los altos salarios del sector financiero, y discutir si tiene sentido poner límites solo a este sector, o si se trata de un problema generalizado en toda la economía.

En muchos países el sector financiero es el que más altos salarios paga a sus ejecutivos; además es donde más han crecido los salarios desde que Reagan y la señora Tatcher implantaron su modelo de capitalismo salvaje. En E.U. en los 70 el valor de los salarios del sector financiero representaba el 5% de la masa salarial del país, mientras que para el 2007 llegó al 10%.

Pero no es porque hoy tengan muchos más empleados, sino porque el salario promedio en este sector creció el doble del salario promedio de la economía, en gran medida por las bonificaciones anuales. En los dos años anteriores a la crisis financiera las firmas de Wall Street pagaron casi US$70.000 millones en bonos para un promedio de 180.000 dólares por empleado.

Este esquema de remuneración está basado en las ganancias de corto plazo, de manera que es un gran incentivo para que los banqueros hagan apuestas de alto riesgo que generan grandes comisiones, y por lo tanto incrementan el valor de los bonos, sin importar las pérdidas que puedan causar en el futuro.

Un caso típico de este comportamiento es la quiebra de la aseguradora AIG a la que el Gobierno tuvo que inyectarle US$80.000 millones. La quiebra se produjo por el colapso de los famosos 'Credit Default Swaps' (CDS), que solo el año pasado le generaron pérdidas de más de US$15.000 millones.

Pero la pequeña oficina de Londres de esta aseguradora donde se desarrollaron los CDS llegó a producir el 17,5% de las utilidades de AIG, y los menos de 500 empleados recibieron en siete años US$3.560 millones, es decir en promedio más de un millón de dólares anuales por persona. Las pérdidas borraron las utilidades de papel que se habían contabilizado, pero los bonos no se devolvieron.

Es evidente que estas prácticas generan una gran distorsión no solo del mercado laboral, sino de los valores sociales. El salario promedio de un empleado de Wall Street es hoy 10 veces mayor que el promedio del resto de sectores. No es extraño pues que banca y finanzas se volvieron las profesiones más apetecidas: ¿en qué otro trabajo licito un recién graduado podía ganarse un millón de dólares en un año?

Sin embargo, no es posible corregir estas distorsiones por decreto, ni se puede olvidar las distorsiones de otros sectores de la economía. Pero será en otra columna.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
16 de febrero de 2009
Autor
MAURICIO CABRERA GALVIS / Consultor privado

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