No de malo, sino de pésimo, debería calificarse lo informado por el Dane el viernes pasado, al presentar los resultados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares para enero del 2009. Según la entidad, el desempleo en Colombia llegó a 14,2 por ciento en el primer mes del año, 1,1 puntos porcentuales por encima de lo registrado hace 12 meses. Pero más preocupante todavía es lo ocurrido en las 13 áreas metropolitanas más grandes, en donde el salto de la desocupación fue de 2,6 puntos, hasta llegar a 14,9 por ciento. Debido a esa situación, la población ocupada en las ciudades más grandes tuvo una caída de 103.000 personas en números absolutos, ubicándose en algo más de 8,3 millones de ciudadanos. Semejante situación es la confirmación más reciente sobre los problemas que experimenta la economía. Si bien la cifra de desempleo no es del todo sorpresiva, pues todas las señales muestran que la desaceleración es fuerte y rápida, es un dolor de cabeza adicional para el Gobierno. Y es que aparte de la recesión industrial, confirmada por el retroceso de 3,5 por ciento en la producción manufacturera en el 2008, y de la parálisis del comercio, ahora el panorama se complica por un deterioro en los indicadores sociales. El alza en el índice de desocupación confirma, de paso, algo que vienen diciendo los especialistas desde hace tiempo. Según diversos analistas el mercado laboral colombiano tiene problemas serios, pues no solo el desempleo en Colombia es más alto que en buena parte de América Latina, sino que baja muy poco cuando la economía está en auge y sube muy rápido cuando llegan los tropiezos. Para entidades como Fedesarrollo, esa disparidad tiene que ver con el peso de los llamados impuestos a la nómina que hacen muy costoso contratar una persona de manera formal, pero muy atractiva despedirla cuando de hacer recortes se trata. En consecuencia, la entidad ha sugerido desde hace tiempo un desmonte de las contribuciones asociadas al empleo, algo que, sin embargo, es un imposible político y más en plena época preelectoral. Además, cualquier propuesta que pueda afectar los ingresos del Sena, el Bienestar Familiar o las Cajas de Compensación, es rechazada por la Casa de Nariño.
Sin embargo, negar el problema no significa que éste deje de existir. Por tal motivo, es necesario que el equipo económico busque alternativas tendientes a estabilizar el desempleo, por lo menos mientras pasa el chaparrón. En ese sentido hay quienes piensan que no estaría de más tratar de extender el beneficio concedido esta semana a las pequeñas y medianas empresas que entren al sector formal y que podrán pagar en forma gradual los aportes parafiscales hasta llegar al 100 por ciento de la suma en un lapso de cuatro años.
Otra alternativa es la de procurar que los planes de reactivación tengan éxito. Pero en este caso no se puede olvidar que las sumas comprometidas son relativamente pequeñas dada la estrechez fiscal y que el proceso de comenzar cuanto antes con el desarrollo de diversas obras públicas no siempre se cumple. Ese es el caso de diferentes planes viales que toman un tiempo prudencial para pasar del dicho al hecho.
También está, por supuesto, la marcha general de la economía. Al respecto es claro que la estrechez es cada vez más la norma y menos la excepción, como lo confirmó el aumento de apenas 1 por ciento en la demanda de energía durante enero. Falta ver, igualmente, si medidas como la adoptada por el Banco de la República en el sentido de disminuir en 100 puntos su tasa de interés de intervención, llevan a que el apetito de los consumidores se reanime, en la medida en que los bancos disminuyan el costo del dinero.
No obstante, sin desconocer que esa señal es positiva, lo más probable es que el deterioro siga su marcha. Si el salto de los próximos meses es elevado, es algo que solo se sabrá con el tiempo. Pero antes de esperar que eso ocurra, no estaría de más que el Gobierno aplique aquella máxima futbolística que reza que 'la mejor defensa es el ataque'. Por tal motivo ojalá comiencen a aparecer políticas proactivas tendientes a evitar que una situación que ya es mala, muestre una rápida tendencia a empeorar.
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