Hay ocasiones en las cuales una segunda opinión, no siempre es bienvenida. Eso es lo que le acaba de ocurrir a la economía estadounidense cuyo dato de crecimiento en el último trimestre del 2008 acaba de ser revisado a la baja. De acuerdo con estimativos del Departamento de Comercio de ese país, la caída en el Producto Interno Bruto estadounidense fue de 6,2 por ciento, frente a 3,8 por ciento calculado hace unas semanas. Como resultado se confirmaron las previsiones de la mayoría de los analistas, en el sentido de que la presente recesión puede ser la peor desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que la recuperación será lenta y demorada. Como consecuencia, el mercado de acciones de Wall Street volvió a caer, ubicándose apenas por encima de los 7.000 puntos. Hay que recordar que hace menos de dos años, en octubre del 2007, poco después de que estallara la burbuja inmobiliaria, la bolsa llegó a su máximo histórico de 14.164 puntos. Pero esos tiempos han quedado atrás, por lo menos por un rato largo. Ahora la inquietud de los especialistas es lo que pueda pasar en el 2009, pues la predicción de una caída de 1,2 por ciento en el PIB estadounidense, prevista en el proyecto de presupuesto que la administración Obama le entregó la semana pasada al Congreso, parece ahora exageradamente optimista. El problema es que los mismos factores que influyeron negativamente sobre los resultados del pasado reciente, siguen estando ahí. Por una parte, los consumidores han restringido sus gastos en forma abrupta, como lo prueban los almacenes vacíos y los anuncios de liquidación de existencias. Por otra, las exportaciones siguen de capa caída, de la mano de una demanda mundial en retroceso y de los precios de las materias primas a la baja. Debido a ello, las esperanzas de que las cosas mejoren en el país del Norte, son escasas.
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