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Miercoles 23 de Abril de 2014

El mercado del cemento en Colombia, según Alejandro Ramírez Vigoya

La colusión o acuerdo tácito en un oligopolio es conocido técnicamente como un cartel, el cual se presenta en un mercado, cuando sus miembros se ponen de acuerdo en uno o más de los siguientes aspectos: fijación de precios, control de la producción total de esa industria, segmentación del mercado, asignación de consumidores, asignación de territorios, establecimiento de agencias comunes y repartición de utilidades o de parte de éstas.

Los carteles son fuertemente combatidos en todos los países del mundo, porque disminuyen el bienestar general de la sociedad, parte de los excedentes que deberían corresponder a los consumidores debido a precios razonables, son trasladados a las empresas que conforman el cartel; por ejemplo, en Estados Unidos está la famosa Ley Antimonopolios Sherman (o cartel), y en Europa está el Tratado de Roma para combatir cualquier indicio de prácticas monopolísticas o de colusión en industrias oligopólicas.

El mercado del cemento en Colombia actualmente tiene una estructura oligopólica. Las empresas productoras de cemento en Colombia, en este momento, son tres: Holcim (Suiza), Cemex (México) y Argos (Sindicato Antioqueño); la industria del cemento es uno entre muchos ejemplos de demasiadas estructuras de mercado de cuantiosos productos en Colombia, especialmente después de la apertura económica de 1990.

Los primeros días de este año fueron recibidos con alzas en varios productos, entre los cuales figura el cemento, materia prima fundamental en la construcción y que representa entre el 20 y el 25 por ciento de la estructura de costos de los constructores y en muchas de las obras de infraestructura del país.

Tanto la construcción como las obras de infraestructura van a ser fundamentales durante este y los próximos años para contrarrestar el bajonazo en otros sectores de la economía; entonces por supuesto es preocupante el aumento del bulto de cincuenta kilos, que pasó de un promedio de 18.000 pesos el año pasado a un promedio de 22.000 pesos en este año. Esto llevó al ministro Juan Lozano a tomar medidas como la importación de este producto con cero arancel.

Pero, más allá del análisis coyuntural del aumento de precio este año, es importante hacer un análisis de la evolución de la industria del cemento en Colombia, en los últimos años.

Para analizar la evolución de éste mercado hay que remitirse al año 1996, cuando entra Cemex a Colombia comprando a Samper y Diamante; se esperaba en ese momento una guerra de precios debido a los antecedentes de Cemex en otras latitudes, pero la guerra de precios no se dio, dado un acuerdo tácito entre las tres empresas grandes en ese momento: Argos, Cemex y Holcim, para no hacerse daño.

En 1998 entra al mercado Cementos Andino, que adquiere una cementera en Boyacá y en el 2005 monta otra planta en Barranquilla, con la cual suple el 8 por ciento de la demanda a nivel nacional. En 1998, Andino se une a las tres grandes ya existentes para repartirse el mercado colombiano.

Antes de la consolidación de Andino, en el año 2000, la Superintendencia de Industria y Comercio, ante evidencias de colusión tácita entre Argos, Holcim y Cemex, les hace firmar un acta donde las compromete a no tener prácticas restrictivas de mercado, tales como acordar precios y asignarse el mercado por zonas; en ese año los precios estaban demasiado altos, mientras la construcción y la demanda de cemento estaban prácticamente paralizadas.

En octubre de 2004, comienza una guerra de precios que, según Andino con su marca Uno A, fue iniciada por la competencia: Argos con Ganacem, Cemex con Sansón y Holcim con Hércules; según Andino la guerra se inicia cuando las otras tres marcas invaden su territorio en Santander, Boyacá y Cundinamarca, donde tenía el 90 por ciento del mercado, pero según éstas últimas, la guerra la inicio Andino al invadir sus territorios con su marca Uno A.

La guerra de precios fue de tal magnitud que entre octubre del 2004 y agosto de 2005, los precios pasaron de un promedio de 22.000 pesos a unos precios mínimos de 6.000 pesos el bulto de cincuenta kilos; sin duda todas las empresas perdieron, a tal punto que se estima que dejaron de recibir (o de ganar) 200 millones de dólares en ese lapso; obviamente las grandes tenían gran respaldo financiero para aguantar el bajonazo de precios, cosa que no pasó con Andino, la cual tuvo que entrar a negociar su venta por 190 millones de dólares a cementos Argos en diciembre de 2005. Un mes después del acuerdo, los precios saltaron a 12.500 pesos, el doble de su valor mínimo, un mes antes.

Debido a esta guerra, la Superindustria multa, en octubre de 2006 a Argos, Cemex y Holcim por un monto de 2.769 millones de pesos y a sus representantes por 414 millones de pesos; en ese momento la Superfinanciera las acusó de colusión o acuerdos que iban en contra de la libre competencia, con el fin de sacar del mercado a Andino, lo cual efectivamente pasó.

Lo irónico del asunto es que las multas, además de ser ridículas comparadas con las ganancias de las empresas, fueron por manipulación de los precios a la baja, para sacar a Andino del mercado, pero no por haber mantenido los costos excesivamente altos antes de la guerra de precios; si comparamos los valores de finales del 2004, alrededor de 22.000 pesos, son los mismos con los que empezó el alza en el 2009, entonces, sin duda, a finales de 2004 estaban muy por encima de lo que debieron estar bajo normas de competencia legal.

Más allá del análisis en el mercado del cemento, el cual es similar en muchas otras industrias y dada la entrada de grandes multinacionales al mercado colombiano en todos los sectores, la Superintendencia de Industria y Comercio debe contar con herramientas para proteger a los consumidores nacionales del 'poder de mercado', representado por monopolios u oligopolios actuando como carteles, que debido a su poder pueden manipular para su bien los precios de venta, las cuotas de mercado, los precios de compra de materia prima, asignación de territorios, control de la oferta final, entre muchas otras cosas.

Colombia necesita fuertes leyes antimonopolio y anticartel, que protejan a los consumidores y que mantengan a todo tipo de industria bajo leyes de competencia legal; aunque existen los Artículos 333 y 334 de la Constitución Nacional como leyes que regulan las políticas de competencia, éstas se quedan cortas para apoyar a la Superintendencia de Industria y Comercio, la cual puede actuar muy esporádicamente en este sentido, como es el caso de la multa contra La Nacional de Chocolates y Luker, por pactar precios de compra del cacao.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
2 de marzo de 2009
Autor
ALEJANDRO RAMÍREZ VIGOYA / Profesor de Macroeconomía, Universidad Militar.

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