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Domingo 27 de Mayo de 2012

Más empleo que provisiones

Se dice y se pregona a los cuatro vientos, que en medio de la crisis de confianza que se está viviendo a nivel mundial, Colombia tiene un elemento a su favor muy importante como es la solidez de su sector financiero. Bienvenido sea, a pesar de que cada vez que se mencionan las cuantiosas utilidades que en sus balances muestran los establecimientos bancarios (billones y billones de pesos), muchos hacen una mueca de disgusto sobre la base de que esto no es más que una muestra fehaciente del capitalismo salvaje que caracteriza a nuestro sistema económico.

Algo de cierto seguramente hay en esa reflexión, pero indudablemente lo que representaría la antesala de la hecatombe por pérdida absoluta de confianza, sería que los bancos que operan en Colombia estuviesen arrojando cuantiosas pérdidas, producto de un deterioro consistente en la calidad de su cartera y/o sus inversiones. Este es en el fondo el origen de la crisis en el mundo hasta hoy considerado más desarrollado, cuyos bancos más emblemáticos van a sobrevivir solo si los respectivos gobiernos les dan una cuantiosa ayuda por cuenta del bolsillo de los contribuyentes.

En Colombia, aparentemente estamos lejos de dicha situación y las entidades financieras, según los expertos que conocen del tema, están debidamente blindadas. De ahí la propuesta o más bien la 'amable' solicitud de que en las próximas asambleas, sus accionistas sacrifiquen el rubro de dividendos y por el contrario refuercen y engrosen significativamente el rubro de las provisiones.
Aunque en un principio esta propuesta suena lógica, puede llegar a tener efectos perversos, pues representaría un desestímulo para los accionistas minoritarios que en los últimos años han participado de tímidos intentos de apertura o desconcentración en el capital de los bancos, motivados no por el deseo de acceder al control de éstos, sino por la expectativa de un buen retorno -vía dividendos- a su inversión de capital.

Cuando las economías lo que están pidiendo a gritos es que las familias acudan masivamente a los mercados a gastar y comprar más, esto ciertamente no se va a lograr apretándoles aún más el cinturón. Por esta consideración lo que se debería solicitarles (¿exigirles?) a los grupos económicos que manejan y controlan los bancos es un compromiso de mantener e incluso incrementar los niveles actuales de empleo. Hay que invertir la actual ecuación, según la cual las cuantiosas utilidades están fincadas en una supuesta modernización y eficiencia que privilegia el factor capital a costa de la mano de obra.

Además de la inevitable envidia que despierta el sector financiero por sus ganancias, lo otro que lo caracteriza en Colombia, en general, es una calidad de servicio muy cuestionable. Cuando personalmente en un ejercicio de percepción de imagen, me dicen que cierre los ojos y piense cuál es la frase con que yo identifico una oficina bancaria, inmediatamente lo que me viene a la mente es el inevitable aviso de "cajero fuera de servicio", muy a pesar de disponer de vistosas y lujosas instalaciones.

Es aberrante por ejemplo observar cómo mes a mes una entidad financiera, que con el concurso del Ministerio de la 'Desprotección' Social mantiene prácticamente el monopolio en el recaudo de la Pila, somete a sus usuarios a un tratamiento denigrante, como si se tratase del intento de ingresar a un espectáculo de farándula y no simplemente del cumplimiento de un deber ciudadano.

Por consideraciones incuestionables desde el punto de vista social y también por razones económicas, la gran responsabilidad en este momento debe ser privilegiar la generación de empleo. 

gpalau@urosario.edu.co

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
4 de marzo de 2009
Autor
GONZALO PALAU RIVAS Profesor de economía, U. del Rosario

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