El Preámbulo de nuestro TLC con E.U. advierte la pertenencia de Colombia a la Comunidad Andina-CAN y la obligación de sus Países Miembros de "preserv[AR] el Ordenamiento Jurídico Andino en [SUS]relaciones recíprocas", según la Decisión 598.
El marco institucional del futuro Acuerdo de Colombia, Ecuador y Perú con la UE prevé algo semejante. Cuando países andinos individuales negocien con terceros, la Decisión requiere "dar aplicación al principio de la Nación Más Favorecida" conforme a dicho ordenamiento.
En éste, el Trato NMF se establece para comercio de bienes, desde el Acuerdo de Cartagena. La Decisión 439 de la Comisión de la CAN también lo estipula para servicios, pero la correspondiente normativa andina (Decisiones 439, 510 y 659) no ha sido implementada. Tampoco rige tal requisito en otros ámbitos.
Por ello, stricto sensu, queda limitada a bienes la obligación de hacer extensivas a todos los andinos las ventajas que unos u otros concedan a la UE.
Esta asimetría es grave para Colombia, primer actor subregional en servicios, inversión y contratación pública, ya que en todos se hallará en desventaja frente a sus competidores europeos en Ecuador y Perú, como también ocurrirá en Perú, frente a E.U., bajo sendos TLC. Hay, con todo, una diferencia notable: cuando Colombia, Ecuador y Perú encaraban juntos el TLC, nuestros negociadores se esforzaron por lograr compromisos 'de todos con todos' en los respectivos capítulos.
No lo quisieron Ecuador y Perú, quienes más parecían temerle a la competencia colombiana que a la estadounidense. Hoy, ha llegado a tal grado el desencanto empresarial colombiano y peruano con la postura irreducible de Bolivia y, muy errática, de Ecuador ante la UE que sendos sectores privados tienden a rechazar cualquier 'arquitectura' plurilateral. Los desestimulan la dificultad de una negociación conjunta y el escaso interés tradicional peruano en la temática andina.
A ello se suma la renuencia de algunos sectores exportadores colombianos con fuerte presencia subregional a 'ceder ese espacio' a los europeos: la libre circulación de bienes intraandina beneficiaría las exportaciones de la UE a Ecuador (por ejemplo) vía Colombia o Perú, talvez desplazando las nuestras a Ecuador e incorporando de paso valor agregado peruano.
También pudieran generar problemas las ventas europeas a Colombia vía Ecuador y Perú, especialmente tratándose de productos agropecuarios, dados los estándares sanitarios y técnicos más flexibles de ambos países. Para la UE, en cambio, la libertad de circulación y establecimiento conferida a nuestros bienes, servicios y capitales entre sus 27 Estados miembros debe tener como contrapartida iguales derechos para los suyos entre los tres andinos. Establecer un marco 'regional' también refleja su filosofía integracionista de siempre.
Tales reticencias son entendibles, pero denotan falta de visión estratégica. La distribución especial de los beneficios asociados con acuerdos comerciales mucho tiene que ver con la concentración espacial de ventajas competitivas para 'hacer negocios'. Los TLC de E.U. con Chile, Colombia, Perú y Centroamérica beneficiarán principalmente a E.U., como sede 'natural' de empresarios e inversionistas internacionales interesados en los cinco mercados.
Allí resulta más fácil comprar bienes de capital e insumos, conseguir tecnología y acceder a sendos mercados de bienes, servicios, inversión y contratación pública. Ello convierte a E.U. en 'centro de comercio' o hub. En cuanto un país más restrinja la consecución regional o global de capital, servicios, insumos y factores o la venta del 'producido' empresarial, tanto menos se beneficiará de sus acuerdos comerciales. Con algunas excepciones (CAN, Triángulo Norte de Centroamérica...), éste ha sido el patrón de Colombia.
No sólo los países desarrollados son hubs. La Matriz de Exportaciones Intraandinas en el 2005, antes del retiro de Venezuela, revela la existencia de dos miminizonas de Libre Comercio en la antigua CAN-5: Ecuador-Colombia-Venezuela, con Colombia como hub; y Bolivia-Perú-Ecuador, un cluster más débil.
Ecuador traía de Colombia el 68,6% de sus importaciones andinas y Venezuela lo hacía en un 78,5%. Un 22,6 y 52,1% de las compras de Colombia en la CAN-5 procedía respectivamente de Ecuador y Venezuela, quienes tenían poco intercambio entre sí.
Algo semejante ocurría entre Bolivia, Ecuador y Perú, su hub.
Ambas minizonas subsisten, si bien el retiro de Venezuela y la crisis con Ecuador fragilizan la primera, dominada por Colombia.
Procurar ampliarla a Perú y fortalecerla mediante negociaciones directas y con terceros es estrategia regional ineludible.
El Gobierno Nacional prefiere compromisos bilaterales negociables a derechos y obligaciones conjuntos de engorrosa concertación, pero acepta otro tipo de acuerdo, así sea plurilateral.
La insistencia europea en un acuerdo 'multipartito' único, con negociación bilateral de las 'sensibilidades' individuales andinas, trae una dimensión temporal entendida por pocos. Los europeos desean preservar un futuro acuerdo birregional CAN-UE, así los tres andinos tomen dos décadas en plurilateralizar entre sí sus compromisos con la UE y Bolivia se adhiera en tres. Anteponen un marco institucional permanente al contenido programático 'inmediato' de la negociación.
Derecha e izquierda dificultan este propósito. Para ésta, el "TLC con la UE es peor que con E.U." (senador Robledo, 19/2/09) y también lo es la posición negociadora europea en medicamentos.
Para aquella, nuestros socios andinos son un lastre y sólo importa la UE. Ambas se equivocan. Tan absurdo es demonizar o angelizar a los europeos, incluida su industria farmacéutica, como tratar de desechables a los andinos. Contar con una base regional (andina, caribeña, suramericana) es prerrequisito para convertirnos en 'centro de comercio' de cara a la UE, E.U. y el mundo.
Las exigencias europeas no son inferiores a las norteamericanas en propiedad intelectual, aún siéndolo en inversión, pero tampoco se les puede dar más que a E.U. (ministro Plata, 10/2/09) y sería jurídicamente inviable otorgar términos de protección diferenciales a unos y otros. Algún día, Ecuador racionalizará su interlocución con Colombia y el mundo, y finalizará el tránsito boliviano hacia la irrealidad, sin perjuicio de su indigenismo y con el apoyo de la cooperación europea e internacional.
Entretanto, apalanquemos con esta negociación: a) nuestro posicionamiento comercial en la UE, vía una amplia acumulación regional y extrarregional de origen, y la redistribución de eventuales sobrantes nacionales en contingentes arancelarios para los tres andinos en la UE, como puede haberlos en azúcar y banano; b) la implementación efectiva del Mercado Andino de Servicios; y c) futuras garantías simétricas de protección y acceso para nuestros empresarios en Ecuador y Perú: en inversión, contratación pública, controversias inversionista-Estado, armonización técnica.
La plurilateralidad trae sus riesgos, especialmente en comercio de bienes, pero para ello están los plazos y el ordenamiento andino, con sus excepciones expresas (salud humana, animal y vegetal; medio ambiente; seguridad) y normas de defensa comercial, incluida la Salvaguardia inmediata y flexible estipulada en el Art. 96 del Acuerdo de Cartagena.
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