Las variaciones de la tasa de cambio hacen parte del grupo de factores que los empresarios evalúan en el día a día para tomar decisiones.
Caso diferente es aquel en el que la volatilidad de la tasa de cambio nominal es elevada o su movimiento, en cualquiera de los dos sentidos, es persistente por largo tiempo y no es compensado por otras variables.
La coyuntura actual parece marcar un cambio respecto a la situación registrada en años anteriores, hasta mediados del 2008.
Desde esa última fecha, la devaluación alcanza el 56 por ciento y la volatilidad se ha incrementado. Esto ocurre en un escenario en el que la economía mundial se está frenando, los precios de los productos básicos tienden a la baja, y los vecinos han impuesto restricciones al comercio.
Aún así, podemos evaluar cuál sería el comportamiento de las variables de comercio, industria y turismo en un escenario de devaluación moderada.
1. EN EL COMERCIO EXTERIOR
Con la revaluación registrada en años anteriores, el sector exportador fue uno de los grandes afectados, al obtener cada vez menores recursos en pesos por las exportaciones generadas. La depreciación de la moneda, que se está presentando en Colombia desde el segundo semestre del 2008, conduce al comportamiento inverso y los exportadores perciben mayores ingresos en pesos por los valores exportados.
Un ejercicio sencillo nos puede ilustrar el efecto esperado, en un escenario en el que las exportaciones de 2009 sean inferiores a las de 2008 en 6,7 por ciento. Tomando la tasa de cambio promedio del 2008 (1.966 pesos) y la proyectada para 2009 en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (2.358 pesos), al finalizar el 2009 los ingresos de los exportadores, medidos en moneda local, podrían crecer por encima del 9 por ciento.
Todas las actividades exportadoras se beneficiarían con la devaluación, dado el efecto positivo sobre los precios relativos. Pero lo harían más las intensivas en mano de obra, como flores, café, banano y textiles, porque el equivalente del salario en dólares se reduce, abaratando los costos relativos de producción.
Adicionalmente, aquellas exportaciones en las que una parte significativa de sus costos de producción está conformada por insumos nacionales, estarían en mejor posición que aquellos que dependen más de los importados.
Independientemente del mayor o menor ritmo de devaluación en 2009, sus efectos netos dependen de otros hechos del entorno internacional y de lo que suceda con las monedas de los países socios.
Un escenario con demanda internacional creciente es muy diferente de otro con un ambiente de contracción mundial, como el que parece primar en la actual coyuntura. Si bien la devaluación puede compensar una menor demanda, el efecto neto depende de la magnitud en que se reduzcan las exportaciones.
La devaluación afecta positivamente a los exportadores de Colombia con países como Ecuador (dolarizado desde enero del 2000) y Venezuela (con tasa de cambio fija desde abril del 2005); sin embargo, estas ventajas se pueden ver deterioradas por las restricciones comerciales o por la caída de sus demandas internas.
Por otra parte, el efecto de la devaluación en las importaciones es el encarecimiento de estos bienes. Comportamiento diferente se presentó en años anteriores, cuando se registró un aumento en las compras externas, aprovechando la revaluación. En la actual coyuntura, la devaluación se presenta en un entorno de disminución del ritmo de crecimiento del PIB, y de la demanda, lo cual restringe aún más las importaciones.
Para algunos empresarios que dependen de insumos agropecuarios importados como trigo, maíz, torta y aceite de soya, si bien se encarecerían por la devaluación, tendrían una compensación dado que sus precios internacionales registran una tendencia decreciente.
2. EN LA INDUSTRIA
La devaluación de la tasa de cambio se adiciona a las problemáticas propias del sector. Afectaría el desempeño industrial por tres vías: encarecimiento de las obligaciones en moneda extranjera; mayor costo de las materias primas y bienes de capital importados; y un efecto positivo para las industrias de bienes transables a nivel internacional. Adicionalmente, la devaluación aumentaría el precio de los productos importados, lo cual puede estimular la producción y las ventas domésticas.
En parte, estos efectos dependen de si el sector es transable o no.
En el caso extremo de un producto que sólo se destina al mercado interno, no enfrenta competencia internacional y tiene alta dependencia de las importaciones de insumos y bienes de capital, hay mayor facilidad para transferir los mayores costos de producción a los precios.
En 2009, el crecimiento de los sectores que exportan bienes industriales, antes que de la tasa de cambio, dependerá de la dinámica del Producto Interno Bruto de los socios comerciales, especialmente de los países vecinos, en los que concentramos las exportaciones de estos productos.
3. EN EL TURISMO
Con referencia al turismo, es indudable que el ingreso mundial se está contrayendo, lo cual impactará negativamente los flujos turísticos en todos los países; la Organización Mundial del Turismo proyecta un crecimiento del sector entre el 0 y el -2 por ciento, en 2009. Además, está demostrado que en un ambiente de recesión, los viajeros reducen sus gastos y prefieren viajes cortos.
Sin embargo, paralelamente, hay un aspecto positivo en la devaluación, pues genera un incentivo a la llegada de turistas como consecuencia de que los bienes y servicios en el país serían menos costosos.
No obstante, es necesario precisar que la tasa de cambio no es la única variable en la decisión del consumidor para escoger un destino turístico y que muchos de los precios inherentes al sector turismo son globalizados y tienen referencia en dólares; tal es el caso de los precios de alojamiento en hoteles. Por ello, si bien la devaluación de la moneda es un factor positivo que suma, es fundamental seguir trabajando en la mayor competitividad sectorial.
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