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Martes 14 de Febrero de 2012

Ecos de una entrevista: frívolo o trascendente

Molesto por la publicación en El Tiempo de una nota que describía el menú que los anfitriones habrían de ofrecer a los más ricos del continente en la reunión programada en Cartagena a partir del lunes 9, el apreciado periodista Juan Gossaín, en entrevista realizada el mismo día a Mauricio Cabrera, se preguntaba sí había derecho a que un periódico importante hiciera de algo tan trivial o frívolo una noticia. Para él no se justifica que en un país, en general, y en una ciudad, en particular, donde la pobreza y la miseria campean por doquier, se hagan tan evidentes las diferencias que existen entre ricos y pobres en materia de alimentación -y por supuesto en otros aspectos. Me pareció escucharle que no había razón para plantear semejante desafío con un escrito tan frívolo.

Cabrera, fiel a su talante, le anotó que no estaba de acuerdo con tal postura y que más bien le mirara el lado positivo, en particular en lo atinente a la importancia de analizar los problemas de distribución del ingreso, aspecto en el cual estamos tan mal. Por la altura y el respeto que los dos le dieron al improvisado debate, pronto tomé partido como oyente. A pesar de la trivialidad o intrascendencia que se le pudiera atribuir a la nota, no me cabe la menor duda de que toda oportunidad para recordar los males que al país le ocasiona la pésima distribución del ingreso es buena. De allí mi acuerdo inmediato con Cabrera.

Pasando de lo anecdótico a lo fundamental y habiéndome servido el caso relatado para hacer el tránsito, me parece que debo señalar que la búsqueda de la mayor equidad requiere que la sociedad desarrolle sistemas de protección y promoción de las oportunidades y de la calidad de vida en aquellos aspectos que los propios miembros consideran de valor social y que permiten que todos los ciudadanos sean partícipes de los beneficios y actores del desarrollo.

Para ello, la política social debe orientarse con sentido integrador, mediante instituciones que consideren simultánea y prioritariamente los principios de universalidad, solidaridad y eficiencia.

La política social tiene una responsabilidad principal con los sectores pobres de la población. Entonces, a la luz de las consideraciones anteriores, la superación de la pobreza constituye un reto ético y político. La experiencia enseña que los programas más apropiados para ello son aquellos de carácter integral y multidimensional de larga duración, centrados en romper los canales de reproducción intergeneracional de la pobreza en los hogares afectados por ella, sin dejar de lado otros dedicados a enfrentar problemas de más corto plazo, fruto de condiciones económicas o naturales de tipo transitorio.

En sociedades altamente desiguales, como la nuestra, es necesario intervenir, para garantizar una mayor igualdad de oportunidades, lo que de por sí resulta complejo. Las personas que están en situación de desventaja no han llegado a ella por obra de una sola carencia, sino de una combinación de ellas. Por eso, un programa que busque remediar sólo alguna de las insuficiencias puede no cumplir siquiera su objetivo sectorial, porque las demás carencias impiden a los individuos aprovechar plenamente la oportunidad que se les ofrece. De allí la importancia de igualar las oportunidades, que no es justamente con caviar y muelitas de cangrejo.

rosgo12@hotmail.com
 

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
11 de marzo de 2009
Autor
GABRIEL ROSAS VEGA Ex ministro de Agricultura

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