Las importantes compras de activos que ha hecho Ecopetrol desde cuando cambiara su estructura accionaria a finales del 2007 han sido vistas como el proceso de crecimiento lógico de una compañía que ganó mucho en autonomía y recursos desde ese entonces.
Fiel a su plan estratégico de producir un millón de barriles de crudo diarios en el 2015 y de tener intereses no solo en la producción y refinación de combustibles, sino en áreas como la petroquímica y el transporte de hidrocarburos, la empresa ha venido adelantando un agresivo plan de expansión que involucra sumas enormes.
Ese ritmo se ha intensificado en las últimas semanas, con la adquisición de la peruana Petro-Tech por 450 millones de dólares, con el acuerdo para quedarse con las acciones que la multinacional suiza Glencore tenía en la Refinería de Cartagena por 549 millones de dólares y con la operación para obtener los activos de Hocol en Colombia por 748 millones de dólares.
Semejante frenesí contrasta con la cautela que muestra el sector empresarial en general y el petrolero en particular, a raíz de la situación mundial y de la descolgada en los precios de los insumos energéticos. Prueba de ello es la prudente política de distribución de utilidades adoptada por los grandes conglomerados del sector, que han vuelto a revalidar aquella máxima de los negocios que dice que "el dinero en caja, es rey".
A pesar de ello, la propuesta que será sometida a consideración de la asamblea general de accionistas de Ecopetrol, programada para finales de este mes, es la de repartir el 76 por ciento de las ganancias del año pasado, para un total cercano a los 9 billones de pesos. Semejante generosidad ha generado alguna inquietud, si bien es clave para el sostenimiento de las arcas públicas, pues el Gobierno todavía es dueño del 90 por ciento de la empresa. De hecho, en los últimos días han surgido voces a favor de preservar un poco más la liquidez de la compañía, como resultado de la compleja coyuntura actual.
El tono de esos pronunciamientos seguramente subirá de tono a raíz de las compras descritas y de las que vienen. Entre los conocedores del sector se rumora que está cercana la adquisición de un oleoducto, al igual que la decisión de participar en un multimillonario proyecto de producción de etanol en el estado norteamericano de Lousiana. Eso sin contar lo que sea necesario aportar para el desarrollo de la refinería pues, a menos que se consiga un nuevo socio, la cuenta podría superar los 4.000 millones de dólares, parte de los cuales vendrían del capital de la empresa. Todo lo anterior hará necesario que Ecopetrol se endeude, una razón por la cual la asamblea deberá aprobar un cupo de endeudamiento en bonos de hasta 8.100 millones de dólares que serían emitidos a lo largo del próximo lustro.
Así las cosas, es razonable que haya más gente inquieta que en el
pasado. No solo los montos de las negociaciones hechas son descomunales, sino que ha comenzado una creciente ola de rumores, sobre valores pagados en exceso, que debe ser cortada de tajo por la empresa. La manera de hacerlo es una sola: comunicar bien, responder cualquier tipo de inquietud a tiempo y pecar por exceso, y no por defecto, en la entrega de información. En el caso de Hocol, por ejemplo, diferentes analistas se quejaron de que con los datos disponibles resultaba imposible determinar si las reservas adquiridas estaban por debajo o por encima de negociaciones similares. La confusión fue alimentada por la existencia de valores aparentemente diferentes, entregados por el ministro de Minas y por Ecopetrol.
Nada de eso es suficiente para generar la más mínima sombra de duda sobre una empresa manejada profesionalmente que ha sido, es y debe seguir siendo, motivo de orgullo para los colombianos. Pero el hecho de tener a casi medio millón de personas e inversionistas institucionales como accionistas hace necesario que haya una mayor transparencia y que los convenios de confidencialidad firmados tengan cláusulas que permitan que se conozcan los detalles de las negociaciones, una vez estas concluyan. Solo así será posible seguir por la senda de crecimiento fijada para una empresa que busca ser mucho más grande y cuyo activo principal no es el petróleo, sino la confianza.
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