En particular, desde los escritores clásicos de los siglos XVIII y XIX ha habido un reconocimiento general acerca de la importancia del cambio técnico en el crecimiento económico y el bienestar.
Sin embargo, desde el punto de vista de las políticas públicas, pareciera que dicha relación no fuera tan obvia e importante como fórmula para salir del atraso. Para constatarlo, sólo basta analizar los presupuestos públicos dedicados a la ciencia, la tecnología y la innovación (CT&I). En los países en desarrollo la participación de dicho gasto en el PIB es muy baja.
De otra parte, y de acuerdo con los estudios del Foro Económico Mundial, la competitividad se define como "el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país".
De acuerdo con esta definición, el nivel de productividad determina el nivel de prosperidad sostenible que puede alcanzar una economía.
Es decir, las economías más competitivas están en capacidad de producir mayores niveles de ingreso para sus ciudadanos.
Así mismo, una economía más competitiva es una capaz de crecer más rápido en el mediano y largo plazo.
De esta forma, es indiscutible que el tema de la CT&I, por su manifiesta y directa relación con el cambio técnico, la productividad y la competitividad, se torna, a través del conocimiento, en un factor fundamental del crecimiento y el desarrollo de los países en desarrollo.
Por lo tanto, para que este grupo de países pueda avanzar por una senda de crecimiento sostenido, resulta indispensable y necesario impulsar, a nivel nacional y regional, las actividades relacionadas con la CT&I.
Sin embargo, para alcanzar mayores niveles de productividad y competitividad, la acción del Estado en diversos campos es, sino determinante, fundamental.
Igualmente, desde diversos enfoques, el Estado se considera como un actor de gran importancia al tiempo que el entorno para el desarrollo de la innovación y el conocimiento está afectado, directamente, por el accionar gubernamental.
Para el desarrollo de la CT&I en los países, diversos autores sugieren que el gobierno y el Estado deben adoptar un conjunto de políticas, poner en práctica diversos instrumentos y adelantar distintas acciones.
Es claro, entonces, que países en desarrollo como Colombia tienen un gran reto por delante, la transformación social que implica avanzar hacia una economía del conocimiento. El solo desarrollo de las bases, esto es, los cuatro actores fundamentales que son: un Estado capaz, una sociedad que valora el conocimiento, un sector privado innovador y un sólido recurso humano especializado, y los procesos básicos a través de los cuales se manifiesta su accionar, es una tarea inmensa que involucra a toda la sociedad.
En este orden de ideas, las instituciones públicas especializadas en el manejo de la CT&I se constituyen en sólidos fundamentos para que un país, sus regiones, sus empresas y sus ciudadanos avancen hacia la consecución de mayores niveles de competitividad, crecimiento y bienestar.
* Centro de Estrategia y Competitividad Facultad de Administración Universidad de los Andes
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