Una de las lecciones que nos han dejado las empresas familiares centenarias o Dinastías Familiares para lograr su permanencia en el tiempo, es el enfocarse y organizarse desde tres ámbitos distintos y compatibles al mismo tiempo: el ámbito familiar, el patrimonial y el empresarial.
La mayoría de los empresarios familiares le dedican gran parte de su tiempo al último ámbito y dejan de lado los dos iniciales, ya que con frecuencia los consideran poco relevantes o como temas muy privados que no deben relacionarse con el negocio.
Se ha comprobado, a través de la experiencia y con un alto grado de certeza, que las ventajas competitivas de las empresas familiares se encuentran en la unidad de la familia y el compromiso de los familiares con su organización.
Al mismo tiempo se sabe que los altos índices de mortalidad se deben más a razones familiares que empresariales. Y es en este punto, en el ámbito familiar, en la definición de valores y principios, en donde se encuentra el origen de las Dinastías Familiares.
Punto de partida
Para comenzar, debemos considerar que los valores familiares son precisamente eso, familiares, y no de unos cuantos de sus miembros. Por esto es de vital importancia invitar a representantes de todas las generaciones a participar en el proceso, en lo posible se debería contar con la participación de todos.
Incluso, se les debe pedir a los más jóvenes que comiencen a identificar los valores de su familia. Ante esta solicitud muchas veces las personas tienen dificultad, debido a que no es una tarea fácil conceptualizar las vivencias diarias.
Razón por la cual, la forma más adecuada es iniciar por recordar aquellas frases que les decían sus padres en el momento de transmitir una enseñanza para que nunca se les olvidara y que representan realmente los valores aprendidos.
Pero no sólo nos debemos concentrar en los actuales que ya están arraigados o deben ser trabajados para cubrir las falencias, también existen otros que se deben incorporar para llegar a ser dinastías familiares. Las familias pueden iniciar este proceso con una pregunta como:
¿Qué valores y virtudes nos hacen falta para llegar a ser una Dinastía Familiar?
Al identificar los valores que los complementan como familia, es de gran ayuda definirlos. Una vez definidos se puede continuar con el desarrollo de una visión familiar, para lo cual hay que tener en cuenta que existe un conjunto pequeño de valores con una marcada importancia en los que la familia debe comprometer todas sus energías y recursos. Estos son los valores nucleares, los cuales responden a la pregunta:
¿Cuáles son los pilares que guiarán nuestra conducta para alcanzar nuestra visión familiar con éxito?
Ámbito patrimonial
Para iniciar el desarrollo de este ámbito, la familia empresaria debe establecer la forma en la que se va a tratar y trabajar el patrimonio, es decir: ¿Es nuestro patrimonio uno solo o es individual?
Las familias centenarias han aprendido que un patrimonio unido es más fuerte que uno individual. No obstante esto depende de la cultura de la familia.
En este punto se debe aclarar la estructura de poder hacia futuro, las estructuras de transmisión de la propiedad, la liquidez de los accionistas, la valoración y forma de enajenación del patrimonio (si se decide esta opción), así como todos los aspectos de gobierno corporativo referentes a la propiedad como por ejemplo: la estructura de la junta directiva y la forma de seleccionar a sus miembros, la creación de comités para que participen los propietarios, como pueden ser el comité de nominación, valoración, transacciones de acciones, ética, informes de las partes vinculadas.
En segundo lugar, se debe definir la estrategia patrimonial. Aquí se deben establecer los porcentajes del patrimonio que se dedicarán a los temas empresariales, de inversión y de liquidez, de manera que se ajuste a un equilibrio patrimonial de riesgo moderado, dado que las familias buscan estabilidad y puede convertirse en algo tensionante si se decide que todo el patrimonio se concentre en un solo negocio de alto riesgo.
Se recomienda trabajarlo bajo parámetros profesionales que incluyan la constitución de un gobierno corporativo que permita un balance de poder entre la propiedad, la dirección y la junta directiva.
En cuanto al órgano de gobierno de la empresa, nos remitimos a la junta directiva la cual debe aportar a la dirección conocimientos, contactos, seguimiento al desempeño de la dirección, además de establecer la remuneración y evaluación.
La junta directiva a su vez, también debe aportar a la propiedad mecanismos con los cuales se conozca la actuación individual de los directivos y sistemas de evaluación sobre su desempeño.
Gonzalo Gomez Betancourt, es uno de los conferencistas en la Cumbre Family Business Summit, que se realizará en Bogotá el 31 de marzo. Apoya PORTAFOLIO.
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*Ph.D. Consultor Senior Family Council Consulting International Group Profesor Área Política de Empresa, Inalde - Universidad de La Sabana
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