La celebración del V Foro Mundial del Agua, que terminó el sábado en Estambul, sirvió para recordarle al mundo entero el complejo panorama que enfrenta la humanidad con respecto a la preservación de este recurso vital. Y es que en la medida en que los efectos del cambio climático se hacen más evidentes, también es claro que como nunca en su historia reciente, el planeta enfrenta desafíos que incluyen sequías, inundaciones, elevación del nivel de los mares, catástrofes naturales y contaminación de fuentes. Tales fenómenos afectan ya a millones de personas, pero la perspectiva es que ese número aumentará en el futuro. Como consecuencia de esa perspectiva, hay quienes aseguran que el agua será un bien especialmente valioso que determinará patrones migratorios, flujos de inversión e, incluso, conflictos entre naciones que comparten ríos o lagos.
Es en medio de ese panorama que Colombia tiene un importante papel para jugar. Por un lado, la riqueza hídrica del país es enorme, pero años de ignorar la sistemática destrucción de cuencas y bosques han causado daños, en muchos casos, irreparables. Al mismo tiempo, resulta increíble que frente a la abundancia del recurso, la cobertura dista de ser lo ideal. No sólo una proporción minoritaria de las poblaciones urbanas tienen acceso a agua potable, sino que en materia de alcantarillado y tratamiento de aguas residuales los índices son todavía más bajos. Así lo volvió a dejar en claro la encuesta de Calidad de Vida dada a conocer por el Dane la semana pasada, según la cual los avances del último lustro fueron mínimos en esta materia.
Pero ahora hay una nueva oportunidad. Esta se concentra en los planes departamentales de agua que nacieron como derivación del más reciente acto legislativo que trató el tema de las transferencias de recursos a las regiones. De hecho, existe una bolsa de recursos de hasta 8,2 billones de pesos para realizar inversiones en acueducto, alcantarillado y aseo. Aparte de la importancia propia de la iniciativa, un correcto desarrollo de la misma serviría para atenuar el coletazo de la crisis económica internacional que está golpeando con fuerza a la economía colombiana. Y es que no sólo los insumos utilizados son en su inmensa mayoría de producción nacional, sino que los esfuerzos en este campo son grandes generadores de mano de obra.
Aunque todavía es prematuro hacer un balance de lo realizado, los resultados preliminares son alentadores. Según el Ministerio de Ambiente, a la fecha se encuentran en ejecución 307 proyectos por 665.000 millones de pesos, que involucran 33.900 empleos. Y el esfuerzo sigue. De acuerdo con la entidad, para el mes de junio se espera dar inicio a 251 proyectos por valor de 495.000 millones que aportarían a la economía 25.732 empleos adicionales. Así mismo, se cuentan con diseños de proyectos por valor de 1.5 billones de pesos de los cuales se espera inicio de obras por 1.1 billones, durante el segundo semestre del año.
Dentro de los casos puntuales más significativos, están los de Tumaco y Quibdó, dos de las poblaciones con mayores índices de pobreza en Colombia. Así, se espera que con las inversiones que se realicen, el puerto nariñense pase de tener una cobertura de 54 a 90 por ciento en acueducto y de 1 a 85 por ciento en alcantarillado. Por su parte, la meta para la capital chocoana es pasar de 45 a 91 por ciento en acueducto y de 32 a 86 por ciento en alcantarillado, en un periodo de cinco años. Casos similares se encuentran en la Costa Atlántica, en donde ciudades como Sincelejo ya empiezan a ver resultados de lo hecho.
Sin embargo, el camino por recorrer es todavía inmenso, sobre todo en un sector que ha sido propenso a la corrupción en el pasado. En ese sentido, esfuerzos como el impulsado por
Transparencia por Colombia para establecer reglas de juego entre los productores de tubos resultan encomiables. Y es que en la medida en que agua de buena calidad salga por las llaves de miles de hogares aumentará también la conciencia sobre la importancia de preservar un recurso, que es todavía abundante en el país, pero sobre el cual se ciernen evidentes peligros, tanto en esta como en otras latitudes.
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