El plan, que fue anunciado a primera hora del lunes en su página de Internet, indica que el Gobierno usará entre 75.000 y 100.000 millones de dólares del socorro financiero aprobado en octubre pasado por el Congreso, y espera la participación del sector privado.
La Comisión Federal de Seguros de Depósitos Bancarios (Fdic), reguladora del sistema bancario, asesorará a los bancos que quieran deshacerse de sus deudas de riesgo y brindará una garantía así como una ayuda al financiamiento a los inversores que quieran adquirirlas. Los préstamos en cuestión serán luego vendidos por un sistema de subastas.
Para los títulos adosados a activos inmobiliarios, los inversores interesados podrán beneficiarse de la facilidad de una ayuda al crédito al consumo (Talf) recientemente lanzada por la Reserva Federal, para obtener una buena parte del financiamiento necesario para estas adquisiciones.
Para la compra y la gestión a largo plazo de estos títulos, el Tesoro va a asociarse con gestores de fondos privados (hasta ahora son cinco) y brindará un financiamiento adicional que podría alcanzar un billón (millón de millones) de dólares.
El plan complementa otras medidas ya emprendidas para sacar al país de la crisis crediticia, entre ellas un relanzamiento del crédito al consumo y una ayuda a los propietarios de viviendas en dificultades.
Se trata esta vez de eliminar el lastre de los títulos devaluados de los balances de los bancos, cuya presencia restringe el crédito, una idea a la que renunció la administración pasada de George W. Bush debido a su gran complejidad.
El plan Geithner fue criticado por el sector privado, ya irritado por la decisión del Congreso de anular retroactivamente de hecho las elevadas primas pagadas a los ejecutivos de empresas socorridas por el Estado.
En cambio, fue bien recibo por las bolsas de Asia, Europa y Nueva York, que registraron alzas en sus operaciones.
El proyecto se incluye dentro de un plan más amplio conocido como Programa Estatal-Público de Inversión (Ppip, por sus siglas en inglés).
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