Desde hace ya varios meses Medellín se viene preparando para una cita clave. Es ese encuentro el que comienza esta tarde cuando en la capital antioqueña tengan lugar los primeros actos relacionados con la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo, la entidad multilateral más importante del hemisferio en materia económica y financiera. Si bien la inauguración formal no tendrá lugar sino hasta el domingo en la noche, es tradicional que antes de que se congreguen las diferentes delegaciones tengan lugar diversos seminarios académicos de primera línea, sobre temas de actualidad. En todos ellos estará presente el colombiano Luis Alberto Moreno, quien encabeza una institución que tiene en su haber 50 años de rico pasado y un todavía más valioso futuro.
Así las cosas, el evento del BID va a girar alrededor de dos temas fundamentales. Uno de ellos es la crisis económica mundial cuyo coletazo se ha sentido en América Latina y en Colombia. Si bien la región va a resultar menos golpeada que otras del mundo, podrá considerarse afortunada si el crecimiento del 2009 es positivo. En contraste, Estados Unidos, Europa y Japón se enfrentan a una contracción económica de proporciones, la primera en más de seis décadas.
Bajo ese escenario, es importante que los ministros de Hacienda y Finanzas del Continente se sienten a hablar de las medidas necesarias para sortear la tormenta. Y es que a los pocos días de su encuentro en el Valle del Aburrá, varios de ellos deberán viajar a Londres con ocasión de la cumbre de países integrantes del llamado Grupo de los 20 que tiene, entre otros desafíos, el de analizar cambios a la arquitectura financiera internacional. Por tal motivo, la Asamblea del Banco es un escenario ideal para construir consensos y, en lo posible, adoptar una posición regional, pues incluso si la recesión actual termina siendo menos grave de lo que se ve, es indudable que es necesaria una cirugía profunda del sistema multilateral y de los mecanismos de regulación existentes, con el fin de evitar caer en las trampas ya vistas.
Por otro parte, las discusiones en la capital paisa también deberían servir para enviar un mensaje de tranquilidad a latinoamericanos y caribeños. Es cierto que la desaceleración ha sido impresionante y que ha generado menores ventas en miles de empresas, al igual que un deterioro en los niveles de empleo y en los indicadores sociales. Pero a pesar del impacto, no hay duda de que la región enfrenta el desafío desde una posición de relativa fortaleza, con una deuda pública manejable, cifras fiscales cercanas al equilibrio y un sector financiero relativamente sólido. El manejo prudente de los últimos años debería servir para emprender el camino de la recuperación, tan pronto las condiciones globales así lo permitan, algo que debe ser repetido hasta el cansancio. Dicho en otras palabras, hay que alejar el fantasma de la desesperanza, reconociendo lo compleja que es la situación.
Un segundo tema clave es el rol del BID en el manejo de la crisis y en el progreso de las Américas. Al igual que ha ocurrido en otros lugares, la coyuntura actual ha develado que la capacidad de préstamo del Banco es inferior a las necesidades de sus países miembros, así este se encuentre haciendo un gran esfuerzo para multiplicar las aprobaciones de crédito. De tal manera, sería lógico que sus accionistas aprueben un considerable aumento de capital que sería efectivo al cabo de unos meses, pero que complementaría el mensaje de calma que se requiere hoy en día.
En momentos en que la liquidez internacional es menor que hace unos meses, es muy importante garantizar que habrá los recursos para renovar las obligaciones que se vencen, apoyar nuevos planes y financiar las operaciones de comercio internacional.
Una concreción en ese frente sería la manera ideal de conmemorar el medio siglo de existencia de una entidad que ha trabajado sin descanso por el progreso del hemisferio. Y aunque no siempre las cosas han salido como se esperaba, es innegable que el BID es un activo regional que vale la pena preservar y ampliar, tanto por su capacidad financiera, como por su bagaje técnico e intelectual. Solo queda esperar que en Medellín se den los pasos necesarios para que así sea.
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