Fue tan solo una desafortunada coincidencia del destino, pero la partida simultánea de Chaid Neme y Javier Fernández Riva, deja a Colombia sin dos ciudadanos de bien que, a punta de trabajo y capacidad intelectual, dejaron una marca imborrable entre sus semejantes. Y es que ambos, a pesar de sus orígenes y disciplinas diferentes, tenían en común un amor inmenso por su país y la característica de hacer las cosas bien.
El primero había nacido en Biblos, descrita como la ciudad más antigua del mundo, pero decidió dejar su Líbano natal en busca de nuevos horizontes. Como tantos otros inmigrantes, entró por Barranquilla y pronto se destacó como empresario, inspirando a lo largo de su vida la creación de casi medio centenar de empresas. Dotado de un entusiasmo envidiable, incluso en sus últimos años, decía que Colombia es como un adolescente: "puede tener enfermedades, pero siempre crece", anotaba.
Aparte de sus éxitos en el sector privado, Chaid Neme fue un hombre cívico y altruista, aunque de manera discreta. Una de sus características fue la de apoyar a decenas de estudiantes de escasos recursos, convencido como estaba de que el talento necesita tan solo un pequeño estímulo para poder florecer.
Por su parte, Javier Fernández brilló en el círculo de economistas, gracias a una particular agudeza para ver la realidad, sin perder el entusiasmo ni el sentido del humor. Con una larga trayectoria en la academia y en el sector público, se destacó por su capacidad de traducirle al hombre de la calle los conceptos más abstrusos, para explicarlos en palabras sencillas. Debido a su labor, se hicieron populares seminarios y conferencias, muchos de los cuales hoy perduran. Aquejado desde hace unos años de un grave mal que lo mantuvo en coma, sus amigos esperaban un milagro de la ciencia. Pero a pesar de la fe guardada, este anhelo nunca llegó.
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