Con la derrota sufrida por Chávez con su nueva Constitución, los resultados de las elecciones de alcaldes y gobernaciones, y el horizonte cargado con los nubarrones de la crisis económica y petrolera, sólo quedaba pisar el acelerador a fondo.
Para ello, lo primero que promovió, rápidamente, fue la enmienda constitucional que estableció la reelección indefinida. El verdadero motivo fue presentarlo como un plebiscito a su favor y como el visto bueno del pueblo para profundizar la revolución.
De allí siguió el cerco total a los nuevos gobernadores y alcaldes de la oposición con el objeto de impedir su desempeño. La aprobación de los famosos vicepresidentes regionales sobreponiendo una nueva estructura a la ya existente, acrecentando el poder central, para culminar con la reversión de la descentralización en puertos, aeropuertos y otros servicios esenciales con lo que despojó a las regiones de importantes fuentes de recursos y de gestión.
Se agudizaron las confiscaciones en el sector agroindustrial, la toma de predios rurales, las amenazas a los conglomerados industriales privados y a sectores emblemáticos como centros comerciales y empresas multinacionales. Todo ello como una señal de que la revolución estaba en marcha y a la vez como una amenaza, pero ante todo como un primer capítulo de lo que será la nueva forma de pago a sus seguidores, mediante tierras y bienes, ahora que el gasto público y el derroche tendrá que reducirse al caer los ingresos petroleros.
De la eufórica y triunfalista afirmación de hace unos meses de que Venezuela, gracias a la revolución, estaba 'blindada' frente a la crisis económica internacional, ha tenido que pasar abruptamente a recomendar a sus conciudadanos apretarse el cinturón. Apretón que dada la magnitud de lo que se le viene encima será más bien un estrangulamiento.
Dentro de esta secuencia, se anunció un programa revolucionario 'anticrisis', sobre el cual, dada la profundidad y amplitud del problema se tejieron las más amplias conjeturas y grandes expectativas. Finalmente, el 'paquetazo' esperado se redujo a unas medidas eminentemente fiscalistas, nada 'revolucionarias', donde se aumentó el IVA, dentro de un clima altamente inflacionario y recesivo. Se ajustó el presupuesto para el 2009 reduciendo teóricamente el gasto público cuando en todo el mundo se lo incrementa o mantiene para enfrentar la recesión. Y si bien se reduce el estimado petrolero a 40 dólares el barril, se deja el monto de la producción en la irreal cifra de 3.172 millones de barriles diarios, un 44 por ciento por encima de la cifra realmente producida.
No se devalúa oficialmente, pero de facto se produce una mayor devaluación al reducir sustancialmente el presupuesto de importación con dólares preferenciales, forzando un mayor número de importaciones por la tasa paralela y se anuncia un sistema de cupos en divisas para las importaciones esenciales. La inflación esperada con recesión y todo ya es del 40 por ciento y los salarios se aumentarán en un 21 por ciento. Finalmente, se incrementa el endeudamiento interno de 12.000 a 34.000 millones de bolívares fuertes, US$ 15.8 mil millones, el nivel más alto en 10 años, con lo que el sector financiero quedará más sometido a un régimen que no lo quiere mucho.
Al final, lo que queda es la certeza de que pronto vendrá el verdadero paquete económico que afecte las variables que sí tienen que ver con la crisis, pero que Chávez parece que confía en que la pronta recuperación del sistema capitalista internacional sea la tabla de salvación de su Socialismo del Siglo XXI. Otra de las paradojas que lo acompañan.
albertosch@cable.net.co
Publicidad