Las perspectivas de recesión y desempleo traen un escepticismo creciente hacia el mercado internacional y han llevado a la administración Obama a plantear un debate público de los acuerdos comerciales pendientes (Colombia, Panamá, Corea).
Obama suele cumplir sus promesas electorales: derechos humanos (cero tortura, cierre de Guantánamo), seguridad nacional, priorización del conflicto afgano, rescate del sistema financiero, reactivación económica, energía alternativa, educación, salud, transparencia, acatamiento de la Constitución. De candidato, junto con Hillary Clinton, ya respaldaba al Plan Colombia (con más 'componente social') y apoyó la Operación Fenix, pero desaprobaba el TLC con Colombia por el "asesinato sistemático de dirigentes sindicales" y la "no judicialización" de sus autores.
El planteamiento original data de hace tres años y tenía mérito, dependiendo del enfoque, estático o dinámico, y nivel de agregación: tasa de homicidio excepcionalmente alta para dirigentes sindicales y en particular maestros (que no trabajadores sindicalizados como un todo), pese al incontestable progreso registrado en 2002-07. De fines del 2006 a mediados del 2007, el Gobierno habría podido 'construir confianza' con los demócratas y plantear 'cotos'/benchmarks de 'protección de vida' como los que hoy se nos pide, sin debates públicos de alto nivel y alcance mediático.
Al cabildeo del Polo y mundo sindical en Washington, se sumó el 'revisionismo' de la administración Bush (al 'conciliar' los anexos agrícolas durante 9 meses: febrero a noviembre/06) y la Cámara de Representantes de E.U., cuyo liderazgo demócrata demandó y obtuvo el Protocolo Modificatorio de mayo/07, para manifestar luego que el TLC aún no calificaba para tránsito legislativo. El protocolo sin embargo, fortalece los compromisos laborales y ambientales, mientras flexibiliza los de inversión, contratación pública y, para no menoscabar la salud pública, propiedad intelectual. Tampoco hubo entendimiento previo entre Cámara y Administración en abril de 2008, cuando ésta radicó el proyecto de ley del TLC en el Congreso y Nancy Pelosi, presidenta de aquella, suspendió el procedimiento de 'Vía Rápida' para no ceñirse a un término de 90 días.
El sector privado norteamericano ha destacado los beneficios del TLC desde noviembre de 2006 y lo apoyan editorialmente The New York Times y otros diarios, pero las perspectivas de recesión y desempleo (9,4 por ciento en diciembre de 2009) traen un escepticismo creciente hacia el mercado internacional y han llevado a la administración Obama a plantear un debate público de los acuerdos comerciales pendientes (Colombia, Panamá, Corea).
Este nuevo 'revisionismo' no afecta el Atpdea ni la inversión internacional bruta esperada (US$6.000 mill.) y brinda más tiempo para encarar la competencia de E.U. en enero/12, si 'aprobamos derechos laborales' en 2010-2011 en el marco de otra negociación asimétrica más, incluidos derechos humanos, Plan Colombia, TLC y ojalá mecanismos de acumulación diagonal de origen y sinergia con acuerdos comerciales existentes.
En español castizo, 'avatar' designa una de varias encarnaciones de un dios o representaciones de una cosa. En lenguaje corriente, un avatar es un accidente. Ambas acepciones han caracterizado el intinerario del TLC en su primer quinquenio. Resaltan en este contexto los mecanismos precitados. Han sido planteados paralelamente en Bogotá (desayuno gerencial Deloitte-Embajada de E.U., 25/3/2009) y Washington (testimonio del embajador Ron Kirk, Ustr, ante el Comité de Finanzas del Senado, 9/3/2009), y son acaso la mejor manera de capitalizar el actual impasse en beneficio de Colombia, E.U. y sus socios comerciales conjuntos.
tomasuribemosquera@gmail.com
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