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Martes 14 de Febrero de 2012

Obama después del G-20

Las decisiones tomadas por el presidente de Estados Unidos antes de cumplirse la prueba mítica, y hasta caprichosa, de los primeros 100 días de Gobierno, constatan que sus electores apuntaron bien para fortuna del planeta entero. Un cambio real del 'imperio' que, hacia el futuro, liga como siameses a sus políticas nacional e internacional y las conecta con el resto del mundo, ojalá para siempre. Una serie de reformas urgentes diseñadas para impedir que sean pospuestos sus compromisos formulados como candidato, especialmente en las áreas de educación, sanidad, energía, recorte de impuestos, Afganistán, Irak, China, Rusia y las no menos significativas relacionadas con Guantánamo, células madre, paraísos fiscales y refuerzo del G-20.

Estamos en el lumbral de una nueva era, o si se prefiere, de un paradigma histórico, según Mario Soares. En lo que a nosotros concierne este 'nuevo trato' lo sintetiza una frase del discurso de posesión presidencial: "a partir de hoy tenemos que ponernos de pie, reinventarnos y empezar otra vez el trabajo de rehacer a América". En Londres Obama, ante el G-20, ha reafirmado sus condiciones de gobernante destinado a hacer historia y no a que se la escriban.

Hace más de un año en esta misma columna (21/01/08), sostuvimos textualmente que si la coyuntura política, social y económica lo admitiera, la quiniela ganadora la deberían conformar Obama y Hillary. Observamos, sin embargo, que para lograrse se requería una especie de 'milagro', habida cuenta de las heridas que estaban abriendo sus respectivas campañas electorales. Por fortuna, se hizo realidad y hoy empieza a dar resultados positivos.

Obama es la combinación superlativa del líder y del estadista, sin asomos populistas ni pretensiones de caudillo, tal como lo demostró en el escogimiento pluralista de su equipo de colaboradores inmediatos, comenzando por su vicepresidente Joseph Biden y su secretaria de Estado Hillary Clinton. Un insuperable equipo sintonizado con los nuevos tiempos a través del multilateralismo y el muliculticulturalismo, haciendo las veces de llave maestra en busca de un nuevo modelo en el cual un 'capitalismo social' cierre el paso al 'capitalismo salvaje' con todos los barones y pirámides hoy residenciados en Wall Street.

Biden es un eminente internacionalista que desde su curul senatorial por más de 30 años estuvo en primera fila como precandidato presidencial de su partido. No es una figura decorativa a la manera del vicepresidente monigote designado por George Busch padre, o, de un codicioso como Cheeny. Su viaje a Europa y el realizado a Chile así lo comprueban. En Santiago expresó que "la época en que E.U. actuaba unilateralmente y en la que dictaba y no escuchaba, esa época se acabó". Insistió, también, en que "mi visita aquí es solo el comienzo de una nueva sociedad con las Américas".

Hillary Clinton es en su género la más notable mujer de nuestro tiempo gracias a su talento, experiencia y formación. No tiene, pues, que aprender primero para luego practicar. No en vano su observatorio por 8 años fue la Casa Blanca y por 6 más senadora por Nueva York. Sabe que la política internacional tiene como escenario el mapamundi y no la parroquia, por importante que ésta sea.

En medio de la tormenta Obama y su equipo inspiran confianza a un mundo que hacía rato venía navegando con la brújula loca, sumido en la mediocridad y en la falta de liderazgo. 

consignajme@hotmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
3 de abril de 2009
Autor
Jorge Mario Eastman V. Ex ministro delegatario y ex embajador en E.U.

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