De pie junto a Barack Obama y con la Casa Blanca de fondo, Michelle lleva un vestido rojo sin mangas, un cárdigan negro y un collar de perlas, y muestra una sonrisa tan amplia como la de su marido.
Cuatro meses después de que ordenara fabricar la figura, el museo ofrece a sus visitantes la oportunidad de admirar a la primera dama a centímetros de distancia, fotografiarse con ella e incluso abrazarla.
Solo otras dos primeras damas, Jacqueline Kennedy y Hillary Clinton, se ganaron antes que Michelle un lugar en la galería presidencial del museo de Washington, cuyo gran atractivo son las figuras políticas.
Según Shameka Lloyd, directora de marketing del museo, la rapidez con la que se ha disparado la popularidad de Michelle y su valor histórico son las razones por las que forma parte de la selecta galería.
"Es la primera mujer afroamericana que ha llegado a ser primera dama, y cada vez hay más gente que sigue todos sus movimientos e intentar imitar su estilo. Era natural tenerla aquí en el museo", aseguró Lloyd.
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