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Domingo 27 de Mayo de 2012

Cartas de los lectores de Portafolio

Un contador profesional

Se cumple un mes de la marcha final de Édgar Fernando Nieto Sánchez. Con rotundo estoicismo libró una lucha frontal contra su enfermedad.
Como en tantos otros escenarios de su trasegar, en este último episodio de su existencia desplegó esa condición de guerrero bueno que lucha por las causas justas y se resiste a la derrota; en este caso, porque amaba entrañablemente la vida, amaba a su esposa y a su hija Adriana, a su familia y a sus amigos.
Desde muy joven tuvo su primera gran contienda, esta vez, en defensa de su madre por quien veló desde entonces, con esa inmensa dignidad que fuera su impronta indeleble y con el amor profundo que le profesara. Por ello, trabajó desde los 14 años, convirtiéndose en estudiante honrosamente nocturno como, con el humor que también lo caracterizara, lo repetía dando testimonio de que, aún en las condiciones más adversas, es posible trazarse metas y alcanzar lo propuesto. Para Édgar nada fue una dádiva. Lejos de ello, cada peldaño recorrido fue fruto de la disciplina, de la tenacidad; la consecuencia de un proceder franco, transparente, guiado siempre por nobles intereses.
Desde esta perspectiva, a los 28 años llegó a ser Decano de la Facultad de Contaduría Pública de la Universidad Central. Su gestión comprometida y vehemente la condujo a la vanguardia entre sus homólogas del país y de Latinoamérica en tanto llegó, entre otros, a liderar la Asociación de Facultades de Contaduría Pública de Colombia; la Confederación de Contadores Públicos del país; la asociación de las facultades de Contaduría de la Unión de Universidades de América Latina. Las propuestas de Édgar Nieto buscaban propiciar reformas académicas preocupadas, obviamente, por la excelencia técnica profesional pero, en la misma forma, por lo que él denominara la formación integral de los contadores, forjada al servicio del ejercicio ético de la profesión, herramienta fundamental de la impostergable lucha a emprender contra la corrupción en la administración pública -y privada- que, como antes y como ahora, campea en el país. Estaba convencido de que en este mal endémico, como en sus distintos escritos lo nominara, se encuentra la explicación de muchos de los problemas que progresivamente se agravan en Colombia.
Amaba su profesión como pocos y su compromiso con ella fue irrestricto desde lo académico, lo gremial y lo profesional. ¿Cuántas luchas libró en procura de reformas legales en favor del llano ejercicio de la contaduría? Fueron muchas. En una de ellas señalaba: "Si una organización, llámese casa, empresa o país, no sabe lo que económicamente tiene, le resulta imposible conocer qué hace con eso que posee, identificar cómo se gasta o se malgasta, y esto le sucede a Colombia".
El entonces presidente Ernesto Samper Pizano nombró como primer Contador General de la Nación a Édgar Nieto Sánchez. Pensando en grande como invariablemente lo hacía, se dedicó a este nuevo reto. Propició para la entidad una filosofía, unas políticas y una estructura que, en tan solo cinco años, posibilitaron los resultados esperados: ordenar las cuentas de la nación; generar conciencia sobre la importancia fundamental de este ejercicio; conocer lo que el país posee; saber cómo lo gasta y con qué tipos de control ejecuta sus obligaciones.
Así presentó los primeros balances generales de la nación y, en el cuarto año de su gestión, esta joven organización fue reconocida como una de las cinco entidades públicas más exitosas del país. Al salir de esta entidad consolidó su propia oficina, pero su interés por los problemas de la profesión jamás decayó: participaba en distintos eventos, debatía y escribía en diversos medios, aún en momentos difíciles de su enfermedad.
No cuestiono el que pueda ponerse en duda mi objetividad frente a lo aquí planteado. Sin embargo, tengo a mi favor la certeza de que nadie como yo lo conoció. Por ello, sin vacilaciones puedo afirmar que Édgar fue un gran líder, un prolífico promotor de iniciativas, un inigualable gestor y, por sobre todo, un inmejorable ser humano; el mejor de los amigos y el más amoroso miembro de familia. A sus amigos y a la familia debemos eterna gratitud por el amor del que supieron rodearlo en su última etapa; ello mitigó sus temores ante la proximidad de esa muerte que finalmente lo atrapó. Con frecuencia Édgar repetía, "Todo lo que me he propuesto, lo he logrado". Y fue cierto. Lo único que escapó a esta sentencia fue el
poder conservar su propia vida tan tempranamente interrumpida.

María Cristina Laverde Toscazo,
esposa de Édgar Fernando Nieto.

 Supervisor independiente

¿Podríamos enfrentar ahora el tema de la independencia del supervisor financiero? Las circunstancias recientes y las oportunidades cercanas aconsejarían hacerlo. ¿No sería posible incluir el tema en la reforma financiera? La independencia del supervisor es un atributo que contribuye a la estabilidad del sistema financiero, al mejorar la capacidad del supervisor para resistir presiones políticas y gremiales, las cuales pretenden ya sea bajar el nivel de la supervisión, lo cual se traduce en mayores riesgos para el sistema, o definitivamente 'capturar' la función del supervisor, lo cual le resta credibilidad.
Colombia ha avanzado hacia la independencia del supervisor financiero como subproducto de otros propósitos. Por esto, la discusión no se ha desarrollado sistemáticamente y los principales elementos que definen un régimen de independencia, es decir, la organización del proceso de rendición de cuentas y de las condiciones para dar autonomía al supervisor, no están adecuadamente incorporadas en el marco jurídico.
La rendición de cuentas, aunque parezca paradójico, es la base irremplazable para sustentar la independencia del supervisor, pues lo somete a los pesos y contrapesos del sistema constitucional y al tiempo, dota a la sociedad de la información necesaria para evaluarlo, incluyendo la potestad de imponer sanciones cuando sea pertinente.
Definir un proceso de rendición de cuentas implica llegar hasta su contenido operacional, para no quedarse en un catálogo de principios sin dientes. Así, la tarea no estará terminada hasta que se identifiquen los objetivos, el alcance y los pesos y contrapesos específicos dentro de los cuales operará el supervisor frente a diferentes instituciones, ya sean estas el Congreso, el Ejecutivo, la justicia, las contralorías públicas, las jurisdicciones de otros países y el propio sector financiero.
La definición de la relación con el Ejecutivo, léase Ministerio de Hacienda, requiere de especial atención, como lo señala la experiencia del Banco de la República. No sería conveniente volver a colocar el énfasis en la participación del Ministerio en las decisiones políticas y operativas, con la idea de garantizar la necesaria coordinación. Lo que se requiere, por contraste, es un proceso de rendición de cuentas, cimentado en la identificación de aquellas materias que deben obtener aprobación del Ministerio y aquellas que requerirían de reportes periódicos; así como sobre la definición de los poderes del Ministerio, incluyendo llamar a consultas sobre tópicos específicos y nombrar o remover al Superintendente Financiero, con arreglo a su desempeño y probidad.
Una vez definido el proceso de rendición de cuentas, la autonomía de vuelo del supervisor dependerá tanto del espacio que tenga para establecer y asignar su presupuesto, como de las facultades para expedir la regulación técnica relacionada con la estabilidad del sector financiero y para definir los procedimientos de supervisión.
Como complemento se requiere de pautas para administrar los recursos humanos, incluyendo su capacitación, para hacer frente a un conjunto de responsabilidades aún más complejas que aquellas que enfrentan el Emisor; el otorgamiento de protección judicial al staff, con el fin de superar temores frente a eventuales demandas; y el establecimiento de protocolos para manejar potenciales conflictos en la transición desde el sector privado al primer nivel de la entidad supervisora.
Quizás este sea el momento para abordar sistemáticamente la tarea de diseñar un régimen de supervisión construido sobre el apoyo mutuo entre independencia y rendición de cuentas, dentro de un claro sistema de pesos y contrapesos, el cual proveerá los mecanismos de evaluación, permitirá la coordinación dentro del gobierno y generará incentivos para tener una mejor supervisión financiera.

Luis Alfonso Torres.
Consultor
 
El IDU pavimenta según los estratos

Si todos los ciudadanos de Bogotá pagamos impuestos, por qué hay sectores privilegiados en el mantenimiento de sus calles.
No está bien que el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) ordene pavimentar las vías que menos dañadas están y deje por fuera las más deterioradas, con el argumento de que por ahí no hay rutas de buses o que no es una arteria principal.
Si una calle se daña es porque el trabajo inicial lo dejaron mal hecho o porque por ese sector pasan muchos vehículos que deterioran las calles con su continuo transitar.
No conozco el primer caso en el que los ciudadanos cometan actos de vandalismo contra las calles, como sí sucede con algunos paraderos y señales de tránsito, hecho que debemos repudiar e impedir los ciudadanos de bien.
Por lo anterior, considero que todo aquel que pague impuesto predial tiene derecho a exigir que las calles de su barrio permanezcan en buen estado sin tener que acudir a palancas de politiqueros que solo están atentos a ver qué problemas tienen los ciudadanos, en las épocas preelectorales.
La verdad es que si quienes escogen qué calles pavimentar no han visto los huecos en las vías de barrios como Santafé, Samper Mendoza, 12 de Octubre, 7 de Agosto y 20 de Julio es porque son ciegos. Y eso que en la zona del Santafé hicieron unos pocos arreglos para soportar los desvíos por las obras sobre la avenida Eldorado, alrededor del puente del Concejo.
Aún así, da vergüenza ver que a dos o tres metros de distancia, a un costado de estos desvíos, las calles parecen el resultado de un bombardeo.
Es lo mismo que si una persona barre o aspira la casa solamente por los pasillos, sin meter la escoba debajo de la cama o de las mesas. Qué mal ejemplo de civilidad e inequidad social da el IDÚ a los ciudadanos, a los mismos a los que les pide puntualidad en el pago de sus impuestos.

Sonia Peñalosa.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
13 de abril de 2009
Autor

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