Últimas Noticias de Economía y Negocios de Colombia y el Mundo

Miercoles 15 de Febrero de 2012

Clinton y la legalización de la droga

A la pregunta de Luis Alberto Moreno en la sesión del BID en Medellín hace dos semanas de cómo resolver el problema de la droga, Bill Clinton, pausa, quiere arrancar la respuesta, pero pausa de nuevo. Luego se decide y se extiende sincera y contundentemente sobre ambos lados del tema: claro, legalizar resuelve rápidamente el tema de la violencia ahora extendida con furia violenta hasta la frontera sur del Río Grande, ya no solo dentro de las fronteras colombianas. Hay un reconocimiento explícito que al desaparecer los grandes márgenes se les dice adiós a las mafias, adiós a los dineros para la compra de armas, adiós a los asesinatos, adiós a las Farc. (Ésto último lo dice, pero lo entendemos perfectamente todos los colombianos...) ...y ¡uff!, es algo que hace algunos años nadie osaba a decir, y menos al norte.

Pero por el otro lado de la respuesta está la referencia a otra frontera, la de los países consumidores. Clinton resalta que igual de claro es que en el momento de legalizar la droga, el consumo aumentaría, y de maneras inimaginables. Esto equivaldría metafóricamente a como prenderle un fosforo a gasolina de la epidemia pandemonica de las drogas en esos países. La opinión generalizada (no la de los intelectuales o de grupos específicos de interés) en los países consumidores es que la legalización va a tocar a los niños y jóvenes de sus países de formas totalmente indeseables.

¿Qué ciudadano gringo o francés va a estar dispuesto a mandar a sus hijos al colegio pensando que el día anterior no podía acceder fácilmente a la cocaína, y que ese día lo va a poder hacer 'en la máquina de Coca-Cola'?

Para la muestra un botón: recordemos la cara y la actitud de Annette Benning en el mordaz film de Sam Mendes, American Beauty, cuando el marido representado por Kevin Spacey le cuenta a su señora que en su nueva rebelión de la pre madurez está volviendo a fumar marihuana; obviamente los dos lo habían hecho de jóvenes, como habrían, igualmente compartido mil otras pilatunas mayores con consecuencias para su salud. Pero ella no quiere darle el ejemplo a su hija (a quien sarcásticamente Mendes ha hecho la novia del hijo del vecino y expendedor de marihuana de la localidad).

Bill Clinton cierra, haciendo explícito su interés, y resaltando que lo que hemos vivido los colombianos, en particular, es una de las monstruosidades de la época, pero que el impacto que tendría el aumento del consumo en el norte hace literalmente imposible pensar en la legalización.

You have come a long way baby ('¡Has venido de lejos niña!'), rezaban los avisos, hace ya más de un par de décadas, de los cigarrillos de Virginia Slims dirigidos a las mujeres y haciendo un paralelo con la evolución de sus derechos. Igualmente, ha pasado con el debate de la droga (igualmente inconcluso como sobre el del rol de la mujer hoy día): del reconocimiento temeroso e implícito hemos pasado, afortunadamente a uno explícito, muy explícito como el de Clinton; porque legalizar se confundía con 'legalizar a Pablo', a sus crímenes y a sus secuaces, y a que él pusiera las ventas en la calle.

Era como legalizar aquel momento sangriento e infame de la muerte de Rodrigo Lara, y luego el terremoto de la muerte de Luis Carlos Galán. Lo explícito lo caracteriza la posición de notables ex presidentes latinoamericanos, sin que nadie se sonroje o los regañe, como sucedió con el sorprendente vaciadón que le dio Janet Reno a nuestro fiscal De Greiff en el momento de expresar su acuerdo con legalizar la droga en un foro en Baltimore en 1993, cuando el debate en Colombia se empezó a dar con argumentos académicos serios.

A nuestra vista, parece que todo el drama que nosotros viviéramos ahora, desafortunada o afortunadamente o compartido por nuestros compañeros mexicanos está comprendido al norte del río por unos pocos, pero lejos de nuestra realidad y necesidad; los Amsterdams o los Californias hoy (seguidos por los Vermonts desde hace solo varios días) son propiedad de los usuarios medicados y recreacionales por igual por sus propios intereses, no por elementos de juicio moral del bien común para la mayoría en este planta sin fronteras.

Moisés Naím reconoce que la prohibición de la droga parece incluir una prohibición para pensar... Y es claro que no nos hemos dedicado de verdad a pensar profundamente sobre el tema -lo reconoce Clinton profundamente en Medellín; pero las soluciones técnicas (¿médicas?) no nos van a bastar-, habría que recurrir a los nuevos modelos de liderazgo propuestos por Ronald Heifetz o al pensamiento integrativo de Roger Martin, decano de Negocios de la Universidad de Toronto, pues el tema parece volverse como una negociación con la opinión internacional, y cuya respuesta a cada pregunta que se logra coherentemente hacer no se da como las de Clinton en unos segundos, sino en varios años. Y por ellos, llevamos décadas con el tema a medio hacer en términos no solo de políticas entre estados, sino en opinión.

Lo más claro es que una solución 'nítida y limpia' no existe y nunca, como en el alcohol o en el cigarrillo va a existir. The Economist (bien conservador por cierto, pero aún más pragmático) que a través de varios de sus editores por varias décadas ha promovido la legalización entendiendo diáfanamente el impacto en el consumo y declarando su solución 'una bien sucia' -implicando los descaches que puede provocar de ambos lados, y sobre todo del lado norte.

Pero no nos podemos quedar solo con el recuerdo pío de las palabras diáfanas que nos ofreció el Premio Nobel Milton Friedman en la videoconferencia de 1993 sobre el tema en Unidades: "pido en nombre de mi país, perdón por todo el daño que esta guerra le ha causado a Colombia, ya que no hemos entendido las consecuencias de nuestros actos". Pero por lo pronto, lo que parece estar volteando la balanza a este lado (sur) del Río Grande es que parece haber entendimiento claro sobre las 'bondades' de la descriminalización o el replanteamiento del problema como uno de salud pública respecto a la mafia.

Nos queda por entender, y sobre todo por internalizar, que al otro lado -en elnorte- el tema del consumo para el juego de la opinión es como un final de partida de ajedrez en que ellos tienen dos o tres reinas y nosotros nada más que unos pocos peones para defender nuestro rey.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
15 de abril de 2009
Autor
CARLOS ENRIQUE CAVELIER. Presidente de Alquería

Publicidad