Las esencias florales no son cuestión de fe. No se trata de creer que el líquido amarillento que reposa en un frasco oscuro surtirá efecto con solo beberlo.
Cada vez que se toman las gotas, se recibe un golpe de información dado por la energía vibracional de las flores, como una 'ayuda' de la naturaleza para equilibrarnos, dice Penélope Bayona, sicóloga entrenada en esencias florales.
Así, acudir a esta terapia resulta enriquecedor, pues ayuda a exaltar cualidades o a disminuir características que no sean de nuestro agrado, como el miedo, el sufrimiento o la angustia.
En el caso de los niños, las flores ayudan durante la crianza, porque hacen más sencillos los procesos como el primer día de colegio, la llegada de un hermano o el cambio de casa. Penélope Bayona asegura que no solo se usa en personas, sino también en mascotas, en plantas y en los ambientes para propiciar los cambios que buscamos.
Por ejemplo, se pueden combinar con agua y esparcir en la casa o en el salón de clases. Los cambios serán inmediatos: niños más tranquilos, con mayor concentración o sosegados.
Cada flor tiene su función y combinadas (lo que se conoce como sinergia) hace que se potencien entre sí, para lograr una terapia más completa. Los padres deben acudir a consulta con los niños, pues la observación del entorno es esencial para que el terapeuta tenga más herramientas de diagnóstico y tratamiento, pues no solo lo que ocurre en los niños, sino en los adultos, es resultado del entorno.
Cada fórmula es distinta dependiendo de esa observación, porque según Gladys Galvis, terapeuta ocupacional, maestra reiki y experta en esencias florales, "nuestro equilibrio depende de lo cambiantes que seamos. Cuando nos estancamos, empezamos a tener problemas, lo que significa que a cada situación de la vida corresponde una fórmula, por eso nunca hay dos iguales".
Cuando los niños las empiezan a tomar, los cambios se ven rápidamente; quizás al tercer o cuarto día, porque asumen la terapia sin prevenciones ni condicionamientos, mientras en los adultos suele ser más demorado, pues a veces son reacios a los cambios. De acuerdo con Penélope Bayona, "los adultos sufren porque se aferran a sus problemas".
Las primeras consultas en niños suelen ser por el llanto incontrolable que además, impide conciliar el sueño.
Las causas pueden estar en el nerviosismo de la madre, que genera angustia en el bebé. Desde el nacimiento, se genera un proceso de desprendimiento de la madre que no es sencillo y, especialmente, si estuvo presente durante el embarazo, pues el pequeño nace con esa información.
Por eso la terapia también es para los padres. "Los niños depresivos generalmente los cuidan adultos depresivos, los niños irritables, adultos irritables", dice la experta Gladys Galvis.
"Las generaciones cambian, no somos estáticos, no somos como nuestros padres ni como nuestros abuelos -añade-. Por eso,los niños son felices en la terapia, la entienden, hacen preguntas lógicas, no tienen problemas, porque son muy sensibles".
Para definir la terapia, Gladys Galvis compara a los seres humanos con un computador que necesita actualizarse continuamente y borrar los archivos viejos e inútiles que ocupan espacio, pero que no tienen utilidad.
La terapia floral va de la mano de la programación neurolingüística: proyectarnos para saber con exactitud qué queremos y cómo lo lograremos.
Una flor para cada estado de ánimo
Cada flor está hecha para contrarrestar sentimientos específicos. Aquí, algunas de ellas y sus beneficios:
Recomendaciones al tomarlas
Las esencias están hechas a partir de las flores combinadas con agua, brandy o coñac para conservarlas.
La toma básica es de seis gotas, cuatro veces al día; un par de días después, cuando haya mejoría, se disminuye a cuatro gotas.
No son adictivas; no deben tomarse para reemplazar medicamentos, sino como complemento.
Es importante la asesoría de un terapeuta.
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