Incluso, para hacer un símil con el lanzamiento de su reciente proyecto que integra vivienda y comercio, expresó 'la felicidad' de aportarle una nueva obra a Bogotá.
Aplaudió la reciente medida del Gobierno de subsidiar la tasa de interés hipotecario de los créditos para viviendas nuevas con precios de hasta 166 millones de pesos, pero agregó que "el beneficio se debería ampliar para inmuebles de hasta 250 millones".
Expresó su precocupación por el desempleo e instó a los empresarios a trabajar para generar más puestos de trabajo. EL TIEMPO habló con Gómez de este y otros temas.
Al margen de su petición de que el subsidio a la tasa se amplíe para la compra de viviendas de hasta 250 millones de pesos, ¿cómo recibe la medida?
Me parece magnífico que por primera vez haya una acción directa e importante a favor de la clase media.
Que el Gobierno haya considerado las necesidades de este segmento es realmente importante, pues poco se le tenía en cuenta a la hora de algunas decisiones.
De paso, a los empresarios y constructores nos abre las puertas para desarrollar vivienda masiva y de esta forma apostarle al empleo.
Algunos constructores dicen que la desaceleración los ha obligado a despedir a algunos trabajadores, ¿cómo percibe la situación?
Cuando se presentó el boom de la construcción hace un año y medio, aproximadamente, la mano de obra era escasa. Hoy, nuestra responsabilidad es generar empleo como sea, porque enfrentaríamos problemas sociales si el desempleo llega a 15 ó 16 por ciento.
De ahí, precisamente, que el proyecto La Felicidad, que lanzamos recientemente y que estará ubicado en Bogotá, sea una herramienta no solo para hacer ciudad sino para generar trabajos.
¿Cuánto empleo aportará la obra?
Cerca de 150 mil empleos directos, sin contar los proveedores de insumos y las demás cadenas que intervienen en los procesos constructivos.
A propósito de La Felicidad, ¿cómo es eso de integrar estratos, de hacer vivienda social y en el mismo proyecto construir para los estratos 4 y 5?
Diseñamos una ciudad para 70 mil habitantes y como ciudad se tienen todos los estratos. Pensamos en el conjunto lo que, de hecho, no es nada nuevo.
Muchos desarrollos populares crecen cerca de estratos 5 y 6, no ahora sino desde hace mucho tiempo.
Además, es conveniente para que las nuevas generaciones aprendan que no toda la gente es pudiente y que se puede compartir. Es una forma de acercarlos a la tolerancia y de enseñarles a nuestros niños cómo convivir.
Con el crecimiento desordenado de la ciudad, las nuevas obras deben plantearse retos como aportarle a la movilidad de quienes compran en sus proyectos. ¿Cómo está La Felicidad en este aspecto?
Como lo hemos hecho en cada uno de nuestros proyectos, todo está previsto. Los diseños están listos, tendremos 22 kilómetros de vías para facilitar la movilidad y antes de un mes estaremos construyendo redes.
¿En medio de las eventualidades económicas, el precio será asequible?
El mercado regulará el precio y será asequible.
Se habla de desaceleración en la industria de la construcción, pero la mayoría dicen que no habrá crisis, ¿qué opina?
Sin duda, hay que ser realistas. Vamos a tener una serie de dificultades, la demanda se debilitará, habrá menos estímulos para producir ciudad pero a pesar de ello debemos hacerlo.
Tendremos que predicar la acción. Trabajar mucho para ganar poco, pero aportar para que de una u otra forma logremos que se siga trabajando. Insisto, la meta, el reto ahora en medio de las eventualidades es generar empleo, como sea...
¿Qué otros proyectos tiene en marcha?
En un mes inauguraremos un centro comercial en Pereira; en octubre, otro en Pastro y muy pronto comenzaremos a construir el gran Centro Metropolitano de La Felicidad en la Avenidad Boyacá con calle 13.
Publicidad