El tema del acceso a los servicios financieros ha cobrado gran importancia en los países de Latinoamérica durante la última década, tanto que los gobiernos y el mismo sector vienen planteando y desarrollando iniciativas para profundizar el acceso de la población a los mismos.
El fortalecimiento de los sistemas bancarios en la región, tras las crisis financieras de los 90 y comienzos de esta década, ha venido acompañado de un mayor desarrollo económico, por lo que se ha prestado especial atención a la capacidad de la población de utilizar los servicios financieros.
Se ha comprobado que un mayor acceso a estos servicios, tanto por parte de las medianas, pequeñas y micro empresas, como de las familias está relacionado positivamente con un mayor crecimiento económico.
Un mayor acceso de los grupos poblacionales de menor ingreso a los servicios financieros puede contribuir a la disminución de la pobreza y a una mejora en la distribución del ingreso.
Estas relaciones se basan en que la utilización amplia y profunda de los servicios financieros conduce a una adecuada canalización de ahorros hacia actividades productivas, un eficiente sistema de pagos que facilita las transacciones entre agentes económicos y un adecuado monitoreo de los riesgos empresariales.
Tras la crisis de 1999 (cuando el PIB de Colombia cayó a una tasa real de 4,2 por ciento anual) se hizo necesario realizar reformas en el sistema financiero que se vieron reflejadas en un crecimiento importante de la cartera neta años después. La recuperación de esta tardó cuatro años y en el 2003 se alcanzó un crecimiento real positivo de 0,4 por ciento anual para seguir con un crecimiento promedio que ha sido de 13,4 por ciento.
Aunque la recuperación de la actividad económica tardó mucho menos que la del sistema financiero (para el 2000 el PIB registraba un crecimiento positivo de 2,9 por ciento), lo cierto es que los mayores picos que ha tenido desde esa época han estado acompañados de crecimientos importantes de la cartera.
En el 2006, este rubro alcanzó un ascenso real cercano a 26 por ciento anual, sustancialmente superior a su crecimiento histórico (3,76 por ciento).
Del mismo modo, en ese periodo, el crecimiento del PIB superó su promedio histórico al registrar una variación anual de 6,8 por ciento. Sin embargo, a partir del 2006, el repunte de la cartera empezó un proceso de desaceleración que solo hasta el 2008 fue acompañado por una caída en el ritmo de crecimiento de la actividad económica, debido fundamentalmente a los mayores niveles de liquidez que había alcanzado el sistema durante los últimos años.
Aunque el proceso de desaceleración económica ha generado un menor crecimiento de la cartera del sistema, lo cierto es que gran parte de su comportamiento de los últimos dos años obedece a la burbuja de crédito generada desde el 2005, por lo que no es apropiado medir la evolución reciente del sistema financiero a través del comportamiento de corto plazo de la cartera.
Una mejor manera para medir este comportamiento es mirar la brecha entre el crecimiento actual y el de largo plazo de la cartera, y la profundización financiera.
Al cierre del 2008, la cartera neta del sistema financiero cerró con un crecimiento real de 10,9 por ciento anual, que aunque representa una desaceleración importante con respecto al 2007 (de 17,65 por ciento), indica que la cartera está creciendo por encima de su nivel histórico (3,76 por ciento), lo cual da señales positivas en cuanto a la expansión del crédito al mercado.
De hecho, desde el 2005 la profundización financiera en el país (medida como la relación cartera/PIB) ha venido aumentando hasta llegar a un nivel de 28,4 por ciento en diciembre del 2008.
Sin embargo, los niveles actuales aún no alcanzan los vistos antes de la crisis de finales de los 90, cuando la profundización financiera fue del 35 por ciento.
Hasta la crisis de 1999 había existido un margen promedio de 20 por ciento entre la intensificación financiera de Colombia y países como Chile. Sin embargo, tras la crisis, esta brecha se amplió a un margen cercano a 55 por ciento.
Esto indica que los cambios estructurales realizados en el sistema financiero a partir del 1999 no han sido suficientes para asegurar el acceso a los servicios financieros de todos los segmentos del mercado.
Asimismo, es importante resaltar que la salud del sistema financiero colombiano no está en riesgo, y que el comportamiento actual de la cartera obedece al estallido de la burbuja crediticia que se creó desde el 2005.
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