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Miercoles 15 de Febrero de 2012

¿Qué hacer cuando los niños hacen preguntas relacionadas con la muerte?

Reconocer sus sentimientos y ayudarlos a entender por qué los sienten, los hace mejores.

Si en el primer lugar del escalafón de preguntas embarazosas que hacen los niños a los adultos comienza con aquellas respecto a la sexualidad, sin duda alguna el segundo lugar lo ocupan las que tienen que ver con la muerte, y de ahí fácilmente se pasan a las referentes a Dios.

Sin embargo, el tema de la muerte tiene mayores implicaciones en cuanto, que a diferencia del primer tema, se va más allá de la simple curiosidad y se entra en el terreno donde los sentimientos afloran y se viven sensaciones nuevas e intensas.

Los niños, distinto a lo que piensan muchos adultos, también viven el duelo de perder un ser querido, así que no funciona aquello de "no le digamos nada, que está tan pequeño, que todavía no entiende".

Tal vez no entiendan, tienen razón, pero sí sienten. Y el papel de los adultos es ayudarles a entender lo que están sintiendo. Pensando en eso, las sicólogas María Elena López y Gloria Mercedes Isaza escribieron el libro Un momento difícil, la muerte de un ser querido.

En él, las profesionales le muestran a padres, tíos, abuelos, tíos, primos, profesores, amigos y demás personas cercanas a un niño cómo asumir un proceso de pérdida, desde el momento que se presenta una enfermedad grave, la llegada de la muerte, los rituales del entierro, hasta los sentimientos más frecuentes que se viven después de los hechos en sí, cuando se pierde a un ser querido (ver recuadros) y cómo superarlos.

Claro que también está pensado para muchachos entre 8 y 14 años lo puedan leer, preferiblemente acompañados de sus papás. Con base a esa información, los adultos, muchas veces en medio de su propio pesar y duelo, pueden guiar al niño en el proceso de superar la pena, ayudándole a identificar lo que puede estar sintiendo y por qué les está pasando eso.

"Los niños no viven el duelo de la misma manera que los adultos, quienes generalmente pasan por etapas de negación, aceptación, seguir la vida y reparación", comenta María Helena López. "Los niños viven esas etapas pero de manera intermitente, aparecen y desaparecen, hay mucha mezcla de emociones".

Todo tiene que comenzar por decirles siempre la verdad, pues los niños, por más pequeños que sean, siempre perciben cuando el comportamiento de los adultos cambia. Por ejemplo, en el caso de una enfermedad grave de uno de los padres o de los abuelos u otro familiar, los pequeños pueden percibir que los papás hablan bajo, que pasan menos tiempo en la casa o que están tristes.

"Si no se les cuenta, ellos pueden imaginar cosas más graves y hasta pensar que es por culpa de ellos lo que sea que esté sucediendo". Y como en materia de sexo, las sicólogas aconsejan dar la información que ellos están pidiendo. "Siempre hay que preguntarles qué quieren saber, qué dudas tienen o qué creen que está pasando y no darles un tratado religioso sobre la muerte y la trascendencia", dice López.

Pero lo escencial, cuando se muere alguien conocido, es que el niño tenga claro que esa persona no va a volver. "Por ejemplo, eso de que el abuelito está dormido, a veces no funciona porque crea la expectativa de que se va a despertar en cualquier momento y puede regresar, pues para los niños todo es reversible", agrega la sicóloga.

Cuando un niño pierde a uno de sus padres puede tener sentimientos de temor que lo mismo le puede pasar al otro, lo que además le genera incertidumbre sobre su futuro. También puede asumir el papel de ese adulto que se murió, o si se trata de un hermano, querer ser como él era.

Pero ante todo, lo que que quieren las sicólogas con este libro, es que los niños sientan que se pueden recuperar de ese dolor.

La tristeza da ganas de llorar

La tristeza es la manera como se siente una persona frente a un acontecimiento, real o imaginario, que le resulta doloroso. Ese sentimiento produce un estado de ánimo caracterizado por el deseo de llorar y el poco interés por ciertas actividades de la vida.

Pero muchas personas consideran que llorar no es bueno y se aguantan las ganas, cuando en realidad es una reacción normal y natural del ser humano ante la tristeza que pueda estar sintiendo. Para enfrentarla es bueno hacer algún ejercicio físico como caminar, pasear el perro, correr, bailar o practicar un deporte preferido. El aire puro también ayuda. Si no se quiere salir un libro o un rompecabezas siempre son buenos entretenimientos.

Con la rabia se quiere pelear

La rabia puede aparecer por sentir que esa persona que murió ya no va a estar cerca. O porque los demás no entienden o creen saber por lo que se está pasando ante la muerte de un ser querido. Sentirla es normal, aunque no es agradable porque desgasta la energía de la persona y la hace sentir cansada.

Suele manifestarse con episodios como ganas de gritar, de pegar, de no querer que nos hablen o de contestar de mala manera. Para dominarla, las sicólogas recomiendan que los niños hagan cosas como contar siempre que sea necesario lo que lo enfurece, que escriba lo que sienta, que oiga música que lo calme o que coja a golpes la almohada para que salga la rabia.

Compañía contra el miedo

Cuando un niño pierde a un familiar o persona cercana, especialmente a los papás, puede llegar a sentir mucho miedo, y de allí que quiera estar todo el tiempo acompañado y no separarse de la familia, que deje de hacer cosas que le gustan, sienta que hay muchos peligros alrededor, y que tanto a él como a quienes quiere les pueda pasar algo, o que sienta incertidumbre por el futuro.

Ese miedo lo puede sentir físicamente con un nudo en el estómago o mucha ansiedad. Enfrentarlo es lo mejor y los adultos pueden ayudarlo a hacerlo indicándole que es normal que lo sienta, pero que hay otras personas alrededor que lo pueden cuidar o acompañar en situaciones en las que no se sienta tranquilo. Solo así disminuirá ese sentimiento y podrá volver tener confianza.

Se puede llegar a sentir culpa

Un niño puede sentirse culpable de que esa persona que quería hubiera muerto, ya sea porque no hizo más cosas, porque pensó algo negativo alguna vez con respecto a ella o porque no le demostró todo lo que la quería.

Cosas como que no le desobedecía, o le peleó o le dijo algo feo en algún momento cobran gran importancia en un momento así. Y esto pasa porque es difícil aceptar esa muerte y se buscan explicaciones para aceptar lo que pasó.

Que el niño exprese ese sentimiento le ayuda a aliviarlo, más si de pronto encuentra que algún adulto siente lo mismo y se lo expresa. También se puede llevar a cabo un ritual: prender una vela blanca y repetir frente a la llama: "te pido perdón por...". Luego, mirando la llama, "me pido perdón por..."

Publicación
portafolio.co
Sección
Economía
Fecha de publicación
24 de abril de 2009
Autor

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