El duelo no se hace solo ante la muerte de un ser querido -e incluso una mascota-, los niños también lo viven cuando se presentan otras pérdidas como el divorcio de los papás, cuando un amigo se va a vivir a otra parte, cuando cambia de colegio, si pierde un año, entre otras cosas. Además de la tormenta de emociones que pueden vivir los pequeños, se presentan ciertas dificultades o vivencias. - No dormir bien. En parte porque piensan en esa persona que ya no está o en lo que sucedió. - Comer poco o demasiado. - Fallas de memoria. Les cuesta concentrarse, pueden olvidar hacer algunas tareas escolares o domésticas. - No saber qué hacer. Los niños pueden suponer que no deben hacer ciertas actividades como ir a un partido de fútbol o a cine, ni sentirse felices, porque todos están tristes. Lo importante es que los pequeños sepan que todo eso es normal, que se supera y que se puede volver a llevar una vida con alegría y entusiasmo. Y que los papás aprovechen para hablar y enseñar valores como la solidaridad y el apoyo.
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