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Viernes 25 de Mayo de 2012

Vea ejemplo de analista que plantea cómo se puede estructurar un portafolio personal de inversiones

Ese tipo de inversión absolutista, regida por las emociones, casi nunca da buenos resultados.

Un mejor método es escoger una serie de activos que uno esté dispuesto a conservar a largo plazo: un 55 por ciento de acciones, un 35 por ciento de bonos y un 10 por ciento de dinero en efectivo, por ejemplo. Entonces, se pueden hacer ajustes anualmente para mantenerla. Dormirá más tranquilo, y es posible que su cartera le dé mejores resultados.

Eso significa retirar algún dinero del mercado de valores cuando éste anda bien, paso contrario a la tendencia natural de aferrarse cuando la bolsa se ha disparado.

Aún más difícil es el corolario: aumentar la porción de acciones de la propia cartera al cabo de años en que las acciones han sido aporreadas. El 2008, por ejemplo. Emocionalmente, es algo muy difícil de hacer.

Como muchas cosas difíciles, llega a ser más fácil si uno lo convierte en un hábito. Si usted se ha hecho la costumbre de retirar un poco de dinero de la mesa tras los años buenos, se le hará más fácil resistir la tentación de exasperarse tras un año malo y retirar de golpe todos sus fondos del mercado de valores.

Además, si tiene el hábito de hacer un ajuste estratégico anual a su cartera, eso le ayudará a evitar la parálisis emocional que aflige a muchos inversionistas en tiempos de crisis.

Trampas emocionales

Sin duda, un mercado bajista como el actual puede afectar negativamente el nivel de vida del inversionista, y ser desalentador y atemorizante. Por otro lado, es al cabo de las grandes bajadas que han surgido las grandes oportunidades de compra a lo largo del tiempo.

Las emociones humanas genuinas tienden a dificultar un comportamiento disciplinado. Muchos inversionistas decían en enero y febrero que sencillamente no podían soportar más el descenso de la bolsa.

Del mismo modo, cuando el mercado estaba que ardía en marzo del 2000, no hubo muchos inversionistas con la cabeza fría como para cobrar las ganancias y retirarse.

Si uno se forma el hábito de reequilibrar sus activos una vez por año, la semana de su cumpleaños, por ejemplo, entonces nadar en contra de la corriente del mercado acaba por parecerle algo natural.

He aquí un ejemplo de cómo le puede haber ido a un inversionista que usara el ajuste anual de cartera durante los 10 últimos años. Llamemos a nuestro inversionista hipotético Morris Cohen. Démosle 500.000 dólares para invertir. Digamos que la fecha es el 31 de diciembre de 1998.

Para simplificar, supongamos que el señor Cohen decide mantener una mezcla de un 50 por ciento de acciones y un 50 por ciento de bonos, ajustados anualmente el día de su cumpleaños, que resulta ser el 31 de diciembre. Empieza con 250.000 dólares en acciones y la misma cantidad en bonos.

El año 1999 fue bueno para las acciones. En lo que probó ser el crepúsculo del mercado alcista de los años noventa encabezado por las acciones tecnológicas, las acciones subieron un 21 por ciento ese año.

En cambio, en 1999 los bonos tuvieron una pequeña pérdida, al caer un 0,82 por ciento porque las pérdidas de capital superaron ligeramente los intereses devengados.

Para medir las rentabilidades de la bolsa, he usado el Índice Standard & Poor's 500. Para medir las de los bonos, he usado el índice Barcap U.S. Aggregate Total Return de renta fija.

Al llegar a su fin el año 1999, el señor Cohen tiene 302.200 dólares en acciones y 247.950 dólares en bonos. Ajusta esas dos sumas para que den 275.075 dólares cada una y está listo para el 2000.

Este año, en que reventó la burbuja de Internet dando lugar a un mercado bajista de tres años, el valor de la cartera de acciones del señor Cohen bajó un 9 por ciento a 250.236 dólares. La de bonos, en cambio, subió más de un 11 por ciento, a 278.651 dólares.

Esta vez la situación es a la inversa. El señor Cohen retira un poco de dinero de su cuenta de bonos, y lo coloca en su cuenta de acciones.

Tras el 2001 y el 2002, el señor vuelve a tomar algunas de sus ganancias con los bonos y aumenta un poco su cartera de acciones. En el 2003 y el 2004 la bolsa de valores se anima, y el ajuste de cartera es a la inversa.

Saltemos los años 2005, 2006, 2007 y el aciago 2008. Cuando el polvo se asienta, el estimado caballero ha acumulado 658.l65 dólares.

De haber puesto los 500.000 dólares enteros en acciones al comienzo de los diez años y haberlos dejado allí, Cohen habría tenido solo 436.059 dólares. De haber puesto todo el dinero en bonos, hubiera acumulado 864.816 dólares.

Entonces, en este plazo específico de 10 años una cartera de bonos solamente habría sido lo mejor. Pero, claro está, uno nunca sabe la respuesta de antemano. Y, de hecho, ha habido muy pocos periodos de 10 años en la historia del mercado en que los bonos han sido la inversión más rentable.

Hay muchas formas de asignar activos. Las tres categorías tradicionales son acciones, bonos y efectivo. Puede añadirse a la mezcla otras clases de activos como inmuebles, oro, materias primas y obras de arte.

Aún más importante que la mezcla de porcentajes que uno diseña es el empeño y la regularidad con que efectúa su reajuste anual de activos. Si se hace eficazmente, uno tendrá bastante dinero en la bolsa de valores para tener buenas ganancias cuando las acciones se disparen, y suficiente en otras inversiones para no padecer un descalabro financiero cuando las acciones tengan un mal año.

Publicación
portafolio.co
Sección
Economía
Fecha de publicación
24 de abril de 2009
Autor
JOHN DORFMAN / Bloomberg

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