De lo que se sabe, pues Venezuela no reporta a la Organización Internacional de la Sanidad Animal (OIE), es que ha podido controlarse el virus y que cada día hay más compromiso de parte de las autoridades de la sanidad animal del vecino país, lo mismo que de los ganaderos. Precisamente, uno de estos (que pidió omitir su nombre) dijo a EL TIEMPO desde Guanare, capital del Estado Portuguesa, que los empresarios del campo están cumpliendo con los planes de erradicación de la fiebre aftosa, pero reconoció que el mayor problema está en los hatos de los pequeños productores. "Este es un país endémico y se ha demostrado que cuando los planes no se siguen de forma rigurosa, resultan focos en diferentes partes del país", dijo el ganadero consultado. Una de las herramientas que se ha adoptado para su prevención y control es el dominio de las guías de movilización por parte de las autoridades, que ahora exigen los certificados de vacunación para la movilización y el comercio de animales; antes, dicho proceso estuvo en manos de los ganaderos y les resultó fácil eludir la inmunización del ganado. Para el 2007, el Servicio Autónomo de Sanidad Agropecuaria (Sasa), reportó la ocurrencia de 47 focos (fincas infectadas) del mal, aunque no informó del número de animales, ni cuáles fueron las medidas de prevención y control que tomaron en esos casos. "Al cierre del 2008, en las cuentas oficiales, la cifra descendió a 38 focos en doce estados (en realidad fueron 168), mientras que durante este 2009 no se tiene conocimiento de uno solo", anotó el entrevistado. La mayoría de estos se han presentado en los estados fronterizos con Colombia (Táchira, Zulia y Apure).
Vale la pena destacar que el hato venezolano ha decrecido como consecuencia de la baja inversión en el agro, el sacrificio de hembras y, también, por la inseguridad jurídica sobre las tierras y las propiedades muebles e inmuebles.
Por otro lado, varios analistas del sector agropecuario venezolano han calificado como un fracaso el programa de erradicación del virus, mientras que el contrabando a lado y lado de las fronteras, especialmente con Colombia, han hecho que se presenten focos en este último país, mientras se critica que el Gobierno intente mejorar el hato con animales importados de Brasil y de Argentina, portadores de los virus de la brucelosis y la tuberculosis; esto lo denunció a comienzos de mes Manuel Cipriano Heredia, vicepresidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga).
Venezuela importa 25.000 animales mensuales en pie, con destino al sacrificio en los distintos mataderos del país, mientras que la producción nacional oscila entre 80.000 y 100.000 animales, dependiendo del mes.
Para 2008, el consumo total de carne en Venezuela fue de unas 540.000 toneladas, de las cuales aproximadamente 70 por ciento correspondieron a producción nacional y 30 por ciento restante, importadas.
Otro factor más que impiede el control del mal, ha sido la liquidación de la entidad encargada de la sanidad animal (Sasa) y el despido de sus 2.926 empleados, durante el pasado mes de febrero; fue reemplazada por el Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (Insai).
'Ese país es un riesgo sanitario'
Para el presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), José Félix Lafaurie, el país vecino representa un alto riesgo para la sanidad animal.
"Es una realidad inocultable", dijo. El dirigente gremial aclaró que, pese a la ayuda técnica entregada por Colombia, en ese país no se notan avances en el programa de erradicación y control del mal. En lo corrido del año, Lafaurie se ha reunido con dos gremios de ganaderos venezolanos, mientras que el diálogo entre los gobiernos, para tratar el tema, ha sido nulo, pues no hay una entidad dedicada a este propósito y los demás funcionarios, ni siquiera pasan al teléfono.
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