Es necesario que el Gobierno informe claramente sobre las implicaciones fiscales del deterioro en el crecimiento económico.
En agosto del año pasado, el Gobierno dio a conocer el Marco Fiscal de Mediano Plazo, en cumplimiento de la obligación legal que tiene de demostrar al Congreso y a la opinión que las metas de ingreso y gasto contempladas en el proyecto de presupuesto son compatibles con un comportamiento sostenible de la deuda en el mediano plazo. En ese momento, el Gobierno proyectó un crecimiento en el 2009 del 5 por ciento y unas metas de ingreso y gasto que arrojaban un déficit proyectado para el Gobierno Nacional equivalente al 2,6 por ciento del PIB.
La crisis mundial comenzó a tener efectos en Colombia, y así lo reconoció el Gobierno en enero, cuando redujo sus proyecciones del crecimiento al 3 por ciento. En ese momento, calculó que los ingresos corrientes de la Nación caerían en 4,3 billones de pesos. La revisión del programa fiscal exigió entonces una reducción en los gastos programados por valor de 1,5 billones de pesos y de la inversión por 425 mil millones de pesos. Aún así el Gobierno anunció, en su revisión del plan financiero publicado el 16 de febrero, que el déficit gubernamental aumentaría al 3,2 por ciento del PIB.
El 26 de marzo fue necesario bajar nuevamente las perspectivas de crecimiento, cuando el Ministro de Hacienda anunció que estaría en un rango entre el 0,5 por ciento y el 1,5 por ciento. El efecto en los ingresos de la Nación podía ser equivalente a la caída anunciada en enero. Suponiendo que se mantuvieran constantes las metas de gastos, el nivel de déficit aumentaría, según mis cálculos, al 4,1 por ciento del PIB. Pero según el Gobierno, ese déficit sería solo del 3,7 por ciento. Es decir, fue necesario recortar otros 2,2 billones en gastos, aun cuando todavía no ha informado en qué renglones.
Las últimas proyecciones del FMI para Colombia, anunciadas con motivo de la publicación de su informe sobre perspectivas económicas mundiales, dan cuenta de un crecimiento cero para 2009. Ello puede seguir siendo optimista, sobre todo si se tiene en cuenta que la unidad de inteligencia de The Economist ha proyectado una caída del 3 por ciento, y que el crecimiento anualizado registrado en el último trimestre del año pasado, calculado con relación al trimestre anterior, como se hace en Estados Unidos, fue negativo en un 4,1 por ciento.
De cumplirse estos pronósticos pesimistas, el Gobierno debería llevar su déficit al 6 por ciento del PIB, que aumentaría considerablemente la percepción de riesgo país y por lo tanto el costo del nuevo endeudamiento, o recortar gasto por valor de 16 billones de pesos. En momentos en que lo deseable sería una política fiscal anticíclica que estimulara la demanda interna y contrarrestara la caída del gasto privado, el Gobierno, por razones financieras, se ve obligado a contribuir a la desaceleración de la economía contrayendo el gasto público. Estamos sufriendo las consecuencias de no haber ahorrado en las épocas de vacas gordas.
FRANCISCO AZUERO*
* Profesor asociado, Facultad de Administración, Universidad de Los Andes.
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