La idea de la administración Uribe era proteger a las industrias locales de textiles, confecciones y calzado, fuertemente afectadas por el contrabando abierto y técnico (subfacturación) de productos chinos que llegan al país vía Panamá.
Cabe recordar que la subfacturación (precios de importación "ridículos", como los han calificado los gremios del sector) es una práctica de vieja data que golpea la producción y el empleo colombianos.
En su momento, cuentan los productores locales, se facturbana pares de zapatos a 20 centavos de dólar, suma que según ellos no cubrían ni el costo del transporte.
Las restricciones comerciales impuestas por Colombia no solo generaron protestas de Panamá, sino también de China y de empresarios del sector textil-confección localizados en Valle y Cartagena, a quienes los precios indicativos les encarecieron la importación de algunos productos.
En su fallo de ayer, dado a conocer en Ginebra (Suiza), sede de la OMC, los árbitros consideraron que Colombia "no ofreció evidencias suficientes" para justificar esas decisiones como necesarias para combatir el contrabando y la subfacturación.
En consecuencia, argumenta el organismo multilateral, las medidas colombianas contradicen disposiciones del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (Gatt), de 1994.
El Ejecutivo colombiano recibió con cautela el dictamen arbitral. El ministro de Comercio, Industria y Turismo, Luis Guillermo Plata, dijo que el informe de la OMC será revisado con detenimiento en los próximos días, tanto por las autoridades gubernamentales como por el sector privado, para decidir si se apela o no el fallo.
Tanto el Gobierno como empresarios de diferentes sectores se han quejado de la falta de colaboración de las autoridades aduaneras de Panamá para combatir el contrabando, que la parte colombiana asocia con el lavado de activos y el narcotráfico, que a su vez alimentan el terrorismo.
De acuerdo con lo que han dicho los productores locales de tejidos y confecciones, el desmonte de los precios indicativos implicaría un retroceso para su actividad, que gracias a la restricción de importaciones de Panamá retomó algo de ritmo, incluido el de la generación de empleo.
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