Son dos maneras diferentes de disfrutar el maravilloso paisaje de la costa sur de ese país.
Es difícil creer que en un país vecino de Colombia, del que nos separan poco más de tres horas en avión, se pueda encontrar un lugar que parece sacado de la película Lawrence de Arabia o de cualquier documental sobre el Sahara: una laguna circular más pequeña que una cancha de fútbol, rodeada por palmeras y montañas de arena.
Se trata del oasis de la Huancachina, el único que existe en Latinoamérica, ubicado muy cerca de Ica, una población que por carretera queda a tres horas de Lima.
Este oasis, en donde solo hay unos pocos y pequeños edificios, dedicados principalmente al turismo, es la puerta de entrada a un paisaje maravilloso y sorprendente: montañas y montañas de arena que se extienden hasta donde llega el horizonte.
Recorrer este lugar en buggie es como subirse a una montaña rusa, solo que esta parece no tener fin: los buggies, que se pueden contratar en Huancachina y en los que se pueden montar grupos de hasta nueve personas, saltan y caen a gran velocidad sobre las dunas en un recorrido que los conductores parecen conocer de memoria.
Al llegar a la cima se pueden tomar unos minutos para apreciar el paisaje o para lanzarse en una tabla en la que se practica sandboarding (esquí sobre la arena).
Panorama desde el aire
Ver ese mismo desierto, pero desde el aire, es una experiencia completamente diferente. Cerca de Ica, en un pequeño pero organizado aeropuerto que está casi oculto desde la carretera, se toma una avioneta, en grupos de unas diez personas, para conocer, después de media hora en el aire, las líneas de Nazca.
En la primera parte del recorrido se percibe la vastedad del desierto, en el que la única señal de vida es la carrera Panamericana, que cruza de un lado al otro del horizonte.
A la media hora de vuelo, aparecen las líneas de Nazca, y el viaje se vuelve extremo. No solo por lo impresionantes que son -hechas en medio de la nada, de gran tamaño y con una perfección asombrosa- sino por lo intrincado del vuelo.
Son cientos de figuras que abarcan diseños tan simples como líneas hasta complejas figuras zoomorfas, fitomorfas y geométricas que aparecen trazadas en la superficie y que fueron elaboradas por la cultura Nazca.
Lo asombroso es que solo pueden ser observadas a plenitud desde el aire, al sobrevolar el desierto, lo cual ha despertado preguntas sobre las intenciones y habilidades de sus constructores.
La avioneta sobrevuela en círculos las líneas, ladeándose de un lado para otro para que los pasajeros puedan apreciarlas y fotografiarlas por sus ventanillas. La sensación de vacío no se puede comparar con la de ninguna montaña rusa, y no es nada fácil sobreponerse al mareo.
Son dos experiencias distintas, en las que lo clave es agarrarse bien y disfrutar del panorama.
*INVITACIÓN DEL GRUPO NAZCA Y PROMPERÚ
SI USTED VA
Huacachina también ofrece otros atractivos turísticos como los paseos en bote por la laguna y cuenta con una amplia oferta gastronómica para todos los gustos.
Hay alojamientos de todo precio -algunos datan de 1920- y la mayoría con piscinas, y varios de ellos ofertan paseos a los viñedos productores de pisco, el aguardiente bandera de Perú.
Publicidad