El autor había anunciado que quemaría frente a una librería de Zagreb todos los libros no vendidos de esta cuarta edición de la obra.
Cuando el domingo a mediodía llegó la hora de la ignición, no le quedaba ya ningún ejemplar, a pesar de que la venta de libros se ha reducido en el país debido a la crisis económica, entre otros factores.
El espectáculo estaba bien preparado. Hasta el último momento quedaban 425 ejemplares sin vender, que Kvesic sacó a la calle y con los que llegó a preparar una hoguera. Minutos después, dio a conocer que dos distribuidoras acababan de comprarle los libros.
Así, en vez de ser quemados, los últimos ejemplares fueron trasladados en furgoneta a sus nuevos propietarios, ante la mirada del público que se había congregado para ver la pira de libros.
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