De esa manera, en épocas de verano se forma un canal natural navegable que permite el paso de embarcaciones de hasta 50 centímetros de calado y con capacidad para transportar 500 toneladas de carga.
Sin tratar de volver a la quimera que hace casi un siglo caracterizó a las tierras del caucho y en las que los colonos buscaron instalarse en puertos estratégicos de la Orinoquía colombiana, en la actualidad el Instituto Nacional de Vías (Invías) realiza un proyecto para recuperar la navegabilidad del río Meta, con el que se desprenden nuevas oportunidades para los pobladores de la región y para la economía nacional.
"Si se vinculan las entidades privadas para que transporten carga por este río, podemos decir que le estamos apostando a un corredor que integrará a Colombia con Europa y África, buscando una salida por Venezuela a través de los ríos Orinoco y Meta", dice el ingeniero Jorge Hernán Hurtado, coordinador del área marítima y fluvial del Invías.
Hurtado le ha dedicado gran parte de su tiempo al desarrollo del proyecto y dice que junto con contratistas privados, el Instituto decidió medírsele a recuperar la navegabilidad de un río que por años ha estado al margen del desarrollo, pese a que es evidente el potencial que representa para el comercio exterior.
Los frentes de trabajo se han concentrado en el municipio de Cabuyaro (Meta), así como en el sector de La Banqueta y en Puerto Carreño. La construcción de vías para facilitar la operación intermodal (transporte de carga por vía fluvial y terrestre) garantiza un acceso eficiente en la movilización de mercancía desde el centro del país.
Pero el trabajo también ha implicado un reacomodo de las comunidades, particularmente indígenas, que con cierto recelo por lo que implican los cambios, de alguna manera se sienten retribuidas por lo que pudieron negociar con el Estado de cara a aceptar el paso del 'desarrollo'.
Así lo reconoce Ramón Martínez Arrepiche, un líder representante de la comunidad indígena de Umapo, un asentamiento distante unos 75 kilómetros del muelle La Banqueta, en dirección hacia Puerto Carreño. "Nos hicieron unas consultas sobre lo que sería el proyecto y nosotros planteamos al Invías nuestras necesidades. A cambio del impacto, acordamos ayudas como la compra de un tractor. Hemos visto cambios, estamos cultivando arroz y sembrando yuca", dice Martínez.
Para este indígena Achagua, una vez esté terminado todo el proyecto (en el 2012), será necesario contar con un compromiso permanente del Estado para que el comercio boyante que se promete no quede sólo en ilusiones y en obras bien hechas, pero con usos deficientes.
RICARDO SANTAMARÍA DAZA
ENVIADO ESPECIAL*
PUERTO LÓPEZ, META
* Por invitación del Invías
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