Junio no ha sido un mes grato en noticias económicas. A medida que avanza el sexto mes del año se siguen acumulando evidencias de que el impacto de la crisis mundial ha sido severo sobre el país en general y sobre diversas actividades en particular.
Así lo confirmó la más reciente entrega de los datos correspondientes a la industria y el comercio hasta abril, que muestran tanto una contracción en la producción y las ventas, como una fuerte caída del empleo. Tampoco el diagnóstico fue bueno en lo que tiene que ver con las finanzas públicas, pues el aumento del déficit fiscal para el 2009 y el anuncio del Gobierno sobre la presentación de una reforma tributaria destinada a encontrarle fuente permanente a los recursos que hoy le llegan temporalmente por el impuesto al patrimonio, generaron preocupación en la opinión.
Semejante panorama será más oscuro, cuando el Dane informe sobre el desempeño del Producto Interno Bruto durante el primer trimestre del año. Salvo alguna improbable sorpresa estadística, la declaratoria de que la economía colombiana se encuentra en recesión técnica será inevitable, pues el país debería completar un semestre de crecimiento negativo iniciado a finales del 2008.
Cuando eso ocurra, el desafío de las autoridades consistirá en enviar los mensajes correctos en una nación en la que el manejo de las expectativas resulta clave para reanimar el consumo y la inversión. La encendida discusión política de los últimos tiempos, el conocido 'choque de trenes' entre los poderes públicos y la incertidumbre con respecto al referendo reeleccionista no han hecho más que alimentar la confusión reinante, con lo cual la luz al final del túnel se ve más difusa de lo que debería.
Todo esto ocurre en un mundo en el que comienzan a aparecer realidades disímiles. Sin desconocer que la disminución del PIB global puede llegar a ser de 3 por ciento en el presente año, según lo diagnosticó el Banco Mundial hace unos días, es claro que a algunos les está yendo mejor que a otros. De hecho, el Fondo Monetario Internacional insinuó el viernes que cuando anuncie sus nuevas proyecciones a comienzos de julio, el reporte será más alentador, sobre todo para el 2010.
Lo anterior no quiere decir que la normalidad esté de vuelta. Las opiniones en torno a que la recuperación será lenta, siguen siendo las predominantes. Pero si bien los países más ricos van a durar años para volver a los niveles de riqueza que tenían antes del estallido de la burbuja financiera, las economías emergentes están dando muestras de mayor fortaleza. El repunte en la demanda interna, gracias a los programas de estímulo adoptados en China, India o Brasil, ha sido llamativo. Ese factor explica el alza vista en los precios de las materias primas desde marzo pasado, así como el incremento en las cotizaciones de las acciones que se transan en Shanghai, Bombay o Sao Paulo. La caída en el nivel del dólar, tiene que ver igualmente con una baja en la percepción de riesgo del Tercer Mundo.
A la luz de lo sucedido, la percepción entre los expertos es que los motores del crecimiento van a cambiar. Si antes el apetito de los consumidores estadounidenses fue clave para generar una bonanza exportadora en todo el planeta, ahora esa responsabilidad recae en chinos, indios y brasileños. Debido a las particularidades de cada nación, y para citar un ejemplo, es probable que no haya tanto apetito por los autos japoneses o alemanes, pero sí por el acero u otros materiales para producir vehículos internamente.
En medio de esa ecuación, Colombia tiene mucho que ganar como productor de bienes básicos. Pero tal como ocurre en otras latitudes, es fundamental que las iniciativas dirigidas a hacer crecer la demanda local tengan éxito. Por ello, hay que recibir con beneplácito la decisión del Banco de la República de disminuir su tasa de interés en medio punto adicional, hasta el 4,5 por ciento anual.
Pero ese propósito debe venir acompañado de una mayor efectividad en los planes de reactivación impulsados por el Gobierno, que han servido en el caso de la vivienda, pero que se han quedado cortos en la construcción de vías o las ventas de vehículos hechos localmente. Ojalá que el respiro político que acompaña el receso del Congreso, sirva para que el Ejecutivo vuelva a concentrar sus baterías en este esfuerzo.
Publicidad