Cartagena no es sólo Patrimonio de la Humanidad, sino -aunque suene redundante- patrimonio de Colombia. El progreso de la ciudad es, sin duda, beneficio de todos, pues es la vitrina del país y no es menos cierto que los retos que afronta son formidables, ya que una larga historia de corrupción y malas administraciones ha impedido corregir el atraso y la inequidad que experimenta la mayor parte de su población.
Por eso, resultó esperanzadora la elección de la actual Alcaldesa, símbolo de renovación y oportunidad para el surgimiento de nuevos dirigentes. Aunque debo aclarar que no tengo suficientes elementos de juicio para opinar sobre la gestión de 'María Mulata' -como le dicen cariñosamente- no puedo dejar de expresar algunas inquietudes que ojalá no sean alertas de nuevas frustraciones y retrasos.
Por un lado, es inquietante que cuando se les pregunta a los cartageneros acerca de su gestión, aún los más entusiastas con su elección terminan respondiendo con evasivas o con lugares comunes que no lo dejan a uno muy convencido sobre lo que está logrando.
Pero, de otro lado, hay temas que resultan difíciles de entender. Es bastante claro que muchas de las soluciones tienen que ver con balancear el desarrollo de la ciudad y lograr que, además del progreso en la zona turística, se obtenga modernización y progreso en otras partes de la urbe.
¿Cómo entender, entonces, que se dejó a un lado el proyecto de relocalizar el mercado de Bazurto y que se frene el proceso de renovación que se venía dando en la zona colindante a ese caos de desorden y suciedad que es hoy el mercado?
Todo indicaría que prefirió la vía fácil de no tomar las decisiones con el argumento de que se afectaba a los que crean el caos, cuando lo que terminó fue limitando las posibilidades de progreso para muchos más cartageneros.
Y qué sentido tiene la polémica que ha dejado armar alrededor del Teatro Heredia en relación con el cambio de nombre y de administración (una medida tan boba como la del cambio de nombre de Bogotá), y con un discurso populista y anacrónico que ojalá no termine afectando algo que venía funcionando muy bien, en lugar de adelantar acciones más difíciles, pero de mucho más valor.
Si de recuperar escenarios artísticos se trataba, ahí está el caso de los teatros Cartagena y Colón, completamente abandonados a pesar de su tradición y susceptibles de convertirse en importantes espacios complementarios al Heredia. Ya mencionábamos en una columna anterior cómo, por ejemplo, el Festival de Música de Cartagena está siendo víctima de su propio éxito, pues conseguir boletas para entrar a los conciertos es algo muy difícil por lo reducido de los escenarios, incluyendo el Heredia.
No es fácil ser Alcalde de Cartagena, pero no por eso se debe acudir a las vías fáciles de no hacer cosas importantes como lo de Bazurto, y en cambio dejar que la discusión se dé alrededor de temas secundarios como los relacionados con el teatro. Eso suena a distracción.
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