Hace pocas semanas el famoso autor de negocios Jim Collins publicó su última obra bajo el título de Cómo fracasan los poderosos (How the Mighty Fall). Al igual que otros textos suyos como Empresas que sobresalen y de Buenas a grandiosas, este nuevo libro provee grandes lecciones corporativas.
En cada una de sus páginas se explica con lujo de detalles como empresas que han estado en el curubito, han caído en la bancarrota o simplemente perdido para siempre el liderazgo de un sector específico, debido a una cadena de errores.
Basado en un examen riguroso de decenas de empresas, Collins describe la lista de comportamientos que a su juicio conducen a la debacle. Estos son la arrogancia del éxito, un sentido desordenado y desaforado de querer más, negar la existencia de riesgos, buscar desesperadamente la salvación y por último la capitulación, la irrelevancia o la 'muerte'.
Con la disciplina analítica de otras de sus obras, el autor utiliza ejemplos contundentes para demostrar que en las primeras tres fases se forma el camino al fracaso. Refiriéndose a la arrogancia del éxito, ejemplos como los de la cadena de electrodomésticos Circuit City, evidencian que el rechazo al cambio y la innovación, bajo el supuesto de ser líderes de mercado con un modelo de negocio exitoso, puede conducir a menospreciar la competencia.
Refiriéndose al deseo desordenado por querer cada vez más, se aprecia que la ambición desmedida de algunas corporaciones por crecer y expandir su universo de clientes tiende a sacrificar la calidad y la disciplina estratégica. Casos como el de la farmacéutica Merk, que en 1999 lanzó el medicamento Vioxx, para luego tener que retirarlo del mercado en el 2004, debido a sus efectos colaterales, hablan por sí solos. La acción de la compañía cayó en un 26 por ciento debido al incidente, y la competencia empezó como nunca a desplazarla del mercado.
Sobre la negación del riesgo, la moraleja más interesante radica en que las empresas poderosas muchas veces pierden la perspectiva sobre la probabilidad del fracaso y tienden a minimizar los efectos de circunstancias desfavorables. Lo ocurrido con los bancos de inversión Lehman Brothers y Bear Stearns o con la promotora inmobiliaria Fannie Mae es una clara demostración de arrogancia, ambición y falta de rigor en el manejo de riesgos.
La ventaja de los libros de Collins es que fomentan el análisis y abren los ojos a los empresarios para identificar cuándo se está incurriendo en desaciertos. El fracaso de los poderosos muestra que compañías como Hewlett-Packard supieron actuar a tiempo, tomar correctivos y fortalecerse. El secreto radicó en actuar con humildad motivados por la innovación y estar preparados para enfrentar el cambio sin embriagarse con el poder. Como lo indica el libro, si las debilidades no se interiorizan se corre el riesgo de ser cegado por la ilusión del éxito eterno.
Una vez más Collins nos invita a reflexionar sobre el comportamiento de las grandes empresas, esta vez desmenuzando los factores que conducen a errores garrafales.
Aunque sus lecciones gravitan exclusivamente en la órbita corporativa advirtiendo que ningún poderoso está inmune al fracaso y que la visión debe renovarse constantemente para dinamizar las distintas líneas de negocio, algunos de sus mensajes también son aplicables a otros sectores. Uno de ellos la política.
ivanduquemarquez@gmail.com
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