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Martes 14 de Febrero de 2012

Economía: la atracción de lo trivial

El debate sobre si hay o no recesión es una discusión  sin importancia que tiene la virtud de desviar la atención del público al aspecto menos importante de la coyuntura económica, le permite al Ministro de Hacienda sacar pecho sobre resultados que deberían avergonzarlo, o por lo menos preocuparlo, al FMI continuar actuando como el Chapulín Colorado, y a los medios de comunicaciones perder el tiempo y hacérselo perder al público en una controversia sin contenido. Si un sapo nada en una olla en la que se ha elevado la temperatura a 99.5 grados, y hay otros sapos en ollas con el agua hirviendo,  ¿qué importa si hierve o no el agua, si todos se están quemando?

Los ministros de Hacienda deberían ser conscientes de que hay un límite inferior por debajo del cual no deberían permitir que caiga la tasa de crecimiento de la economía, que es el índice al  cual está creciendo la población. Llevamos dos trimestres durante los que el ingreso per cápita ha caído y casi con seguridad va a descender en año completo. Lo mínimo que debe esperarse de un gobierno, aún si no aspirara a ser reelegido, es que el PIB por habitante no caiga. El Ministro va rajado, y por más que pida puntos por esfuerzo, o que lo califiquen con curva, no le va a dar para pasar el año. Es posible que en comparación con Japón, España o México vayamos bien, pero vamos muy mal en términos de lo que requiere el país para dejar atrás la pobreza.

Lo que necesita es una política económica que conduzca a un crecimiento anual promedio no inferior al 6,0 por ciento. Esto le permitiría aumentar su ingreso real por habitante un 20 por ciento durante cada período presidencial y duplicarlo cada cuatro presidentes. El debate no es sobre si hubo o no recesión. El tema es que la economía no creció más de 0,2 por ciento en el trimestre y a ese ritmo no saldremos nunca de la olleta.

Es mucho lo que se escribe y se debate sobre crecimiento y política económica, pero para pasar del ritmo de crecimiento que Colombia ha experimentado en los últimos 25 años -que es absolutamente insatisfactorio, con recesión o sin ella- a tasas de crecimiento adecuadas, hay unas reglas sencillas que se podrían seguir. La primera de ellas, aunque parezca una tautología, es que un país pobre no puede darse el lujo de pasar un año sin crecer, y mucho menos que la economía se estanque durante un período prolongado, como sucedió entre 1997 y 2003. La segunda es estabilidad macro, institucional y jurídica. Con ellas, con seguridad integral y si nos concentramos en dos o tres variables críticas con un nivel elevado de consistencia y ejecución, podríamos alcanzar sin duda un ritmo de crecimiento sostenido que nos permita trascender el subdesarrollo en una generación de tal forma que nuestros nietos no tendrían que vivir en medio de la pobreza. . .

Las tres variables que pondría sobre la mesa como componentes esenciales de una política  de esa naturaleza serían educación, infraestructura y exportaciones, en ese orden. Con las exportaciones nos estaba yendo bien, mientras duró el boom, pero ya se acabó y no logramos obtener un mayor acceso a los mercados desarrollados ni a los de países cercanos. En infraestructura se habrán perdido por lo menos siete años el próximo 7 de agosto, y en educación se ha progresado en cobertura y en años de escolaridad, pero lamentablemente parece que esas dos variables, aunque necesarias, no son suficientes para promover crecimiento.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
27 de junio de 2009
Autor
Rudolf Hommes / Ex ministro de Hacienda

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