Con una estructura similar a la de un partido de fútbol, en un primer tiempo se le derrumba la vida al protagonista, situación que lo obliga a salir a empatar en el 'segundo tiempo' literario para vengarse del culpable de ese cambio. Dicho más claro, la novela de Ricardo Silva Romero comienza cuando el locutor radial Pepe Calderón perdió la voz, de manera intempestiva, en plena transmisión desde el Rose Bowl de Los Ángeles, cuando el jugador colombiano Andrés Escobar hizo un gol en su propia portería, en el Mundial de Fútbol 1994 en Estados Unidos. El personaje ficticio de Calderón se apareció un buen día en la mente de Silva, cuando ni siquiera tenía muy claro el argumento de su nueva novela Autogol,que presentó esta semana, justo para el aniversario número 15 del asesinato del jugador. "Tenía todos los detalles de su físico y su personalidad, pero entonces me demoré un par de años en encontrar por qué se le iba la voz. Y de pronto me encontré con que el trauma más grande que podría presenciar este hombre era el autogol de Escobar". En el 'segundo tiempo' de la novela, el locutor se desquita con Escobar. "Alguien tenía que pagar por todo lo que le ha pasado a este locutor -explica Silva-. Pues perder la voz significa perder el trabajo y las posibilidades de reconstruir una familia que tiene medio deshecha en ese momento. Entonces, en el fondo, Calderón lo que busca es empatar el partido de su vida". Con esta novela, Silva deja en el aire la reflexión sobre esa doble moral que tanto mal le ha hecho a este país. "Yo creo que hay dos miradas morales ahí: la de la persona consistente como Andrés Escobar, que a pesar de estar en un mundo oscuro y sórdido, como era el del fútbol de ese momento, se mantuvo como una persona muy decente; y la de Pepe Calderón, ese tipo de personas que en algún momento recibe un regalito de algún dirigente, pero no le parece corrupto porque no es dinero".
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