Para los gremios del transporte de carga por carretera, la preocupación va más allá de lo que puede ser la coyuntura de ese negocio en particular, pues es probable que por esa situación aumente la sobreoferta camionera, cuyo parque automotor ya supera las 266.000 unidades, entre particulares y públicos.
Además, sostienen que se perdería parte del terreno ganado con el plan de chatarrización de vehículos iniciado por el Gobierno en noviembre del año pasado.
Ecopetrol, propietario del oleoducto junto con Pacific Rubiales Energy, sostiene que la movida obedece a un ahorro sustancial en los costos de operación y se convierte en una solución definitiva al cuello de botella que actualmente enfrenta la petrolera para sacar el crudo pesado de esa zona del país.
Álvaro Castellanos, vicepresidente de Transporte de Ecopetrol, dice que "los niveles de producción que se tienen actualmente de crudo hacen totalmente insostenible que el transporte se haga por carrotanques. Eso lo que ha obligado es a que se construyan oleoductos. Además la infraestructura minimiza los impactos ambientales y mejora la seguridad en las vías".
Los argumentos del directivo no convencen a quienes están en la otra cara de la moneda, los transportadores, para quienes no se ha notado voluntad en la búsqueda de alternativas.
Las alarmas se encendieron en octubre del año pasado, aprovechando el congreso de la Federación Colombiana de Transportadores de Carga (Colfecar).
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