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Domingo 12 de Febrero de 2012

Crisis económica sin estrategia exportadora

Colombia vive su propia crisis económica, y gracias a ella llueven ahora presentaciones power point de los expertos criollos y funcionarios gubernamentales, en las cuales nos exponen causas y efectos, y propuestas para salir de la crisis, una de ellas, tan sorpresiva como original: nueva reforma tributaria.

Atrás quedaron los discursos maquillados con cifras acomodadas que no nos dejaron ver la verdadera dimensión de la realidad económica nacional, pero que sirvieron, eso sí, para justificar la continuidad de algunos ministros y funcionarios públicos en sus cargos. La verdad es que aun antes de esta crisis, y reconociendo avances en ciertas áreas, no veníamos bien.

Para la muestra un botón: el espejismo de las exportaciones. El mayor volumen de su historia, de 37.626 millones de dólares logrado en el 2008 se volverá añicos en el presente año por la caída de los precios internacionales de las materias primas, la disminución de exportaciones de algunos de nuestros más importantes sectores industriales y la contracción de las importaciones en nuestros principales mercados.

En tan solo cuatro meses del presente año, Estados Unidos, nuestro cliente principal, redujo sus compras de productos colombianos un 26%, con una sensible rebaja de nuestras ventas de petróleo (42,6%), carbón (17,6%), confecciones (33,8%), PVC (29,8%), tubería (48,2%) y ferroníquel (55,3%).

Ecuador, por su parte, dejará de comprarnos mercancías por aproximadamente 300 millones de dólares -si no ocurre algo más grave en nuestras muy tensas relaciones políticas- y Venezuela, que de hecho ha abandonado la tasa de cambio diferencial para el grueso de sus importaciones, no nos permitirá exportar más de 4.600 millones de dólares (20% menos que el año anterior), incluidas allí las exportaciones ficticias que definitivamente nadie quiere controlar.

Por lo anterior, más el poco esfuerzo comercial para llegar a nuevos mercados, venderemos este año aproximadamente 30.000 millones de dólares, cifra muy inferior a los 45.000 millones que debería exportar un país como el nuestro.

Claro está que para el ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, esto no es un problema, pues "las exportaciones y la inversión han disminuido menos en Colombia que en otros países".

Como quien dice, qué importa que yo sea ladrón si hay otros que roban mucho más. De todas maneras, olvida el Ministro que en los cinco años anteriores, no obstante un aumento sostenido de nuestras ventas externas, en casi todos los países latinoamericanos se mostraron niveles de crecimiento superiores al nuestro.

El Ministro de Comercio no tiene entonces hoy cifras para mostrar, ni mucho menos puede justificar nuestra pobre posición exportadora de productos baratos sin valor agregado, ahora lamentablemente mucho más baratos.

Su agenda sigue congestionada con los viajes a Estados Unidos donde tercamente insiste con la ratificación del TLC -sigue enredado también el tratado con Canadá-, pero poco incluye la defensa de mercados vecinos firmemente consolidados para gran cantidad de productos industriales colombianos.

Él también tiene sus presentaciones power point, pero con tratados comerciales que pretendemos lograr para vender lo que no tenemos, y con su nuevo tema de zonas francas, que aún no sabemos si son buenas como negocio inmobiliario, si son malas por su costo fiscal, o si son de verdad un instrumento que impulsará mayor industrialización y crecimiento de las exportaciones.

Por lo pronto, la Unión Europea no consideraría a las empresas allí establecidas como beneficiarias de las preferencias arancelarias de su probable TLC con los países andinos, posibilidad ésta que arrogantemente nuestro Ministro ha calificado como 'inaceptable'.

¿Qué quiere decir con eso? ¿Que no tendremos TLC con Europa, o que impondremos nuestro enorme poder de negociación?

Otro tema que como el de las exportaciones ha sobredimensionado muy bien nuestro Ministerio de Comercio, es el de las inversiones extranjeras.

Las cifras, 'al bulto' como se nos presentan, dejan la impresión de una Colombia en la lista preferencial de los grandes inversionistas mundiales.

Pues bien, el 54% del buen volumen de inversión recibido en el año 2008 se dirigió hacia la explotación del subsuelo colombiano -petróleo, carbón y otros minerales- y solo 1.374 millones de dólares (13%) hacia la actividad manufacturera, destacándose en esta parte SABMiller con nuevos recursos para ampliación de plantas, una tienda de Whirlpool, y la compra de Coltejer y otras empresas nacionales por parte de compañías extranjeras.

¿Es esto realmente tan impresionante? ¿Somos de verdad la China de Latinoamérica como quiere hacérnoslo creer el Ministro? Por cierto, la adquisición de empresas nacionales por parte de extranjeros no es propiamente inversión adicional, sino sustitución de patronos.

La industria colombiana, por su parte, no va bien, ni en el pequeño mercado doméstico ni en el de exportación. Rápidamente se deterioran sectores que otrora fueron grandes generadores de empleo -confecciones, por ejemplo- y nuestra participación en el mercado global es cada vez menor.

No invertimos en innovación y nuevas tecnologías, ni avanzamos siquiera en la creación de un ministerio para su fomento. Nuestro intento de alcanzar una mayor cultura exportadora y un índice superior de inserción en la economía global se limita a la asistencia a foros y seminarios, donde las exposiciones de algunos pocos expertos son aplaudidas por quienes finalmente nada hacen para internacionalizar a sus empresas y al país.

Mientras tanto, las grandes decisiones del Gobierno son tributarias y en el campo productivo se limitan a la financiación de famiproyectos que resultan ser asistencialistas y de subsistencia.

Digamos la verdad. Hoy tenemos un ministerio de acuerdos comerciales y de zonas francas, y no de fomento como lo requieren el país, las regiones, los inversionistas y empresarios. Necesitamos un ministro que con sus funcionarios visite nuestras regiones, pues es allí, y no en el trayecto Bogotá-Washington, donde encontrará las posibilidades de nuevos proyectos.

Dejémosle, por qué no, la responsabilidad de acuerdos comerciales a la Cancillería, y recobremos lo que en el pasado tuvimos con el Ministerio de Desarrollo y el Instituto de Fomento Industrial.

Propiciemos la creación de organismos autónomos regionales publico-privados que sustituyan al centralismo del actual Ministerio de Comercio y que resuciten a los extintos planes exportadores regionales.

En fin, hagamos algo para reinventar la política de exportaciones colombiana, pues por el camino que transitamos muy poco lograremos en materia de internacionalización y por el contrario, seguiremos dependiendo de los fluctuantes ingresos, como hasta ahora, por exportaciones de materias primas sin valor agregado que muy poco impacto tienen en la generación de empleo y de riqueza para los colombianos.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
22 de julio de 2009
Autor
JORGE ALBERTO VELASQUEZ P. / Consultor empresarial

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