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Miercoles 22 de Octubre de 2014

Fechas patrias

Cada celebración patria invita a remitirnos sobre lo acontecido el 20 de julio y 7 de agosto: en esta ocasión hagámoslo de la mano de dos historiógrafos eminentes como lo son Indalecio Liévano Aguirre y Abelardo Forero Benavides. Dilucidar si los compromisos adquiridos por las partes implicaron o no una Declaración de Independencia, o, por el contrario, fue una alianza de responsabilidad compartida entre el Virrey y los líderes del establecimiento criollo: es decir, una especie de convenio a espaldas del pueblo, para asegurar, al menos por un tiempo, la permanencia de Amar y Borbón en el Gobierno y el ingreso del notablato a la Junta Suprema.

Hoy, la interpretación sobre el papel de nuestros héroes y su trascendencia individual ha sufrido cambios sustanciales y, por lo tanto, nuestra historia patria también. Se ha impuesto, por ejemplo, una revisión conceptual a fondo de ese cuarto de hora que, entre otras cosas, reposiciona a José Acevedo y Gómez y entroniza a José María Carbonell, tratado casi siempre como figura de segunda en la enseñanza de nuestra historia a nivel secundario.

Liévano sostiene que a la élite criolla no le importaba la Independencia, sino compartir el poder con las autoridades coloniales y dejar a salvo los intereses de la metrópoli. Con su acostumbrada dialéctica resalta a Carbo- nell como el verdadero obstáculo para sus proyectos y explica su exclusión de las deliberaciones del Cabildo en la noche del 20 de julio. De ahí que no se le nombrara como miembro en la Junta de Gobierno, pasando por alto que a él se debía el éxito de aquella histórica jornada. Y que esa misma junta, dominada por José Miguel Pey y Camilo Torres, lo condenara, días después, a la pena de cárcel y que su posterior arresto fuera ordenado por el hijo del Oidor que luego firmaría la sentencia de muerte de Galán.

Nada tiene de extraño, agrega Liévano, que la figura histórica de José María Carbonell sea hoy poco conocida y que apenas un busto enmohecido recuerde su memoria cuando él merece mucho más que ciertos próceres acartonados a quien se le ha otorgado la inmortalidad con tanta largueza. Refiérese a un pueblo al cual se le ha negado "hasta el derecho de colocar a sus auténticos voceros en las primeras planas de los Anales de la nacionalidad".

Desde otra perspectiva, Forero Benavides se pregunta: ¿hubieran podido pasar las cosas de otra manera...? ¿Podría haberse proclamado la República el 20 de julio? ¿Se puede acusar a los protagonistas de la fecha, como débiles, tímidos, regentistas, fernandistas, porque no rompieron todas las amarras de un sólo tajo...?

Con su formidable prosa se responde afirmando que los resultados de la historia no se obtienen como lo imaginan quienes la analizan, sin remontar a sus causas. Porque todos esos hilos invisibles de la historia producen el corto circuito y "en nuestro caso la chispa se encendió en el cristal gastado de un florero". Forero sostiene que el mérito de Acevedo y Gómez fue darle a la subversión y al motín una consecuencia política. Sus argumentos los remata con aquella cita célebre según la cual el Duque de Liancourt le dijo a Luis XVI, el 15 de julio, "esto no es un motín, es una revolución".

Conclusión: ante la conmemoración del bicentenario se impone seguir debatiendo una historia patria analizada, casi siempre, de una manera sesgada y con limitado rigor investigativo.

consignajme@hotmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Opinión
Fecha de publicación
7 de agosto de 2009
Autor
JORGE MARIO EASTMAN V. Ex ministro delegatario y ex embajador E.U.

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