La entidad señala que el análisis de la propuesta para demoler la vieja estructura ya completó cerca de un año y medio y la ciudad todavía no tiene claro las obras de modernización que se realizarán.
Por esa razón, la Cámara hizo un llamado para que la Nación tome alguna decisión al respecto, en aras de eliminar la incertidumbre que, sobre este tema, se ha generado en los empresarios y la comunidad en general.
El martes pasado, el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, dijo que estaba a la espera de una reunión con el procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez, para analizar el alcance de un concepto emitido por el Consejo de Estado sobre la posibilidad de modificar el contrato de concesión, pues el plan de demolición no se incluyó en el contrato original.
Gallego indicó que hasta tanto se reúna con el jefe del Ministerio Público, no anunciará decisión alguna sobre la propuesta.
En todo caso, reiteró que no se contempla un cambio en el plazo de finalización de las obras del aeropuerto, acordado para marzo del 2012.
El Consejo conceptuó que aplicando la regulación del artículo 16 de la Ley 80, "sí es posible modificar de común acuerdo un contrato de concesión de servicio público, cuando existan razones de conveniencia que permitan una mejora del objeto del contrato, una mejor prestación del servicio público y se busque un efectivo cumplimiento de los fines estatales y la eficiente prestación de los mismos".
También indicó que el contrato se puede modificar siempre que se demuestre que no hacerlo acarrearía una grave afectación del servicio.
El Tribunal emitió su concepto tras una solicitud del ministro de Transporte, para establecer si era viable demoler la terminal y dar paso a un proyecto más eficiente.
Precisamente, Gallego anticipó parte de los argumentos que justifican la demolición de la vieja terminal. "Las cimentaciones del edificio, así como pasa con las sedes del CAN, están a menos de tres metros de profundidad.
En el CAN, en el edificio donde yo trabajo, que es alargado y rectangular, entre una punta y otra hay más de 25 centímetros de desnivel, hay oficinas en las que se ruedan los escritorios", dijo Gallego al intervenir en un foro sobre concesiones.
"Después de que se diseñó el aeropuerto ha aparecido toda la telemática y todos los sistemas de redes que requiere una edificación moderna. Las redes de comunicaciones, los sistemas hidráulicos y los sistemas contra incendios, allá (en el aeropuerto) no existen.
El edificio cumplió su función, pero Bogotá merece un 'superaeropuerto' que sea el mejor de América Latina", puntualizó Gallego.
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