Una intensa batalla comenzaron a dar dos empresas españolas, una estadounidense y dos colombianas, por adjudicarse la licitación del Sistema Ferroviario Central, un proyecto cuyas inversiones suman 1,3 billones de pesos y hasta hace dos años era el 'patito feo' de la infraestructura del transporte en Colombia. Ahora es la red férrea más prometedora en cuanto a movilización de carga (con capacidad potencial para transportar 276 mil toneladas anuales) y hace parte de un negocio que está dando señales de ser rentable, contrario a lo que sucedió en el pasado cuando modelos de operación poco atractivos y el mal estado de las vías conllevaron a la desaparición de la estatal Ferrovías, así como de la Sociedad Colombiana de Transporte Ferroviario (SFT) y la Sociedad de Transporte Ferroviario del Occidente (STFO). Pero ahora son varias las firmas extranjeras y locales que se le midieron a operar la red férrea mediante contratos de concesión. Ese es el caso de la línea del Pacífico y la red del Atlántico. La primera, actualmente, está en manos de Ferrocarril de Occidente, una firma de la que hacen parte BGP Container & Logistic y OPP Graneles S.A., entre otras. La segunda incluyó, no sólo operaciones en la costa Norte, sino un tramo entre Bogotá y Belencito (Boyacá). Drummond Company y Coalcorp son solo dos de las firmas que están vinculadas al operador. Adicionalmente, a la red ferroviaria también se le quiere sumar el Ferrocarril del Carare, proyecto con en el que el sector minero del altiplano Cundiboyacense espera mover carbón y mineral de hierro hacia el exterior. Incluso, el sector financiero brasileño está dispuesto a financiarlo. "Son 650 millones de dólares que provendrían de la banca brasileña y el resto de una entidad multilateral", dice el director Ejecutivo de Fenalcarbón, Alfonso Escobar. En este caso, se está a la espera de que el Gobierno expida un documento Conpes para que permita abrir un cupo de endeudamiento externo, crédito que se pagará con la tarifa que cancelarían los carboneros por la movilización de carga. Una de las empresas interesadas en ese proyecto es Acerías Paz del Río, que hoy es propiedad de Votorantim. De esa manera, el tren vuelve a ser tema estratégico en el país y en esta oportunidad son las compañías del exterior, principalmente, las que están viendo el potencial que ofrece esa modalidad de transporte. Pero no es en vano que las firmas locales tengan que asociarse con las extranjeras para tener una tajada en ese negocio, pues las amargas experiencias del pasado, que conllevaron a que entidades del ramo se quebraran, hacen que hoy en día los requisitos que establece el Inco sean rigurosos e incluyan fuerte músculo financiero, así como capacidad técnica y operativa, que sólo puede acreditarse con experiencia en otros países. "Tenemos que generar la seguridad y confianza en el transporte férreo para que los generadores de carga lo utilicen. Que no exista la incertidumbre sobre esta actividad como sucedía en el pasado", afirma el gerente del Inco, Álvaro José Soto.
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