Pero últimamente, entre lesiones y noviazgos, parece más concentrada en otras cosas menos en el deporte que le lanzó a la fama. No hay por qué alarmarse. En Rusia hay una pléyade de niñas dispuestas a seguir sus paso.
No todas son tan rubias, altas y guapas como la tenista siberiana, pero su ambición es igualmente ilimitada. "Quiero ser la número uno", señala Polina Ísfovich, de 13 años.
La joven moscovita dedica varias horas diarias desde hace un lustro a golpear la pelota en la academia Belokámennaya (Piedra blanca), una de las mejores de Rusia.
En sus rojizas pistas de arcilla entrenan las futuras estrellas del tenis ruso y mundial. Una visita a sus instalaciones permite entender por qué este país ha producido en los últimos años las mejores tenistas del circuito profesional.
"Por naturaleza, las rusas son muy fuertes, altas y sanas. Sólo hay que mirar a Sharápova o Petrova. Otro factor fundamental es la motivación. En Rusia no tenemos los medios económicos que tienen los países occidentales.
Los padres animan a sus hijos a jugar al tenis. Les dicen: 've a jugar y lábrate un futuro'", asegura Yegueni Naúmov, de 71 años, director de la academia y uno de los entrenadores más laureados del país.
Belokámennaya cuenta con diez entrenadores profesionales, cinco de ellos titulados. En la actualidad, más de 70 niños están inscritos en la academia y compiten varias veces al año en torneos nacionales e internacionales. Empiezan a partir de los cinco años.
Según Naúmov, "no hace falta ser muy listo para ver a quién se la da bien el tenis. Si el niño tiene fuerza, reflejos y se mueve bien, lo aceptamos en la escuela".
El veterano técnico explica que a los pequeños no se les dan clases individuales. "Las clases en grupo son muy importantes para forjar el carácter. Fomentamos la competencia entre ellos. Así es como salen tenistas fuertes y bien formados".
Otra de las claves del éxito es la metodología de entrenamiento: "entrenamos a cada niño para un torneo en concreto. No existe el entrenar por entrenar. Disputan muchas competiciones. Así es como se consiguen resultados".
Como en casi todas las academias rusas, en Belokámennaya casi todos los alumnos son niñas. La razón no es que los niños prefieran el fútbol o el hockey al tenis. La razón es puramente económica.
"Los niños necesitan tres o cuatro años más de entrenamiento para llegar a ser profesionales. También gastan un 30 por cierto más que las chicas. Algunos niños entrenan cinco y seis horas diarias, con ellas dos horas son suficientes. No tengo pistas para todos. Por eso, hacemos hincapié en las chicas", indica.
Naúmov explica que en Moscú sólo se puede entrenar durante cuatro meses al aire libre. "Durante el invierno tenemos que alquilar chanchas y son muy caras".
Un conjunto de requerimientos
Según Naúmov, para ser una estrella se necesita "buena salud, una buena academia, un buen entrenador, unos padres comprensivos y, por supuesto, dinero. Sharápova entrenó desde los siete años en el mismo lugar, Estados Unidos. De ahí, los resultados".
Aunque va en contra de lo que hace, Naúmov reconoce que Dementieva, Safina, Davydenko, entre otros campeones, "jamás pisaron una academia en su vida".
Publicidad