"Un bebé recién nacido se deleita cuando sus padres comparten con él historias, canciones y rimas, pues el sonido de una voz familiar y de su musicalidad distintiva va iniciándolo en el mundo de las letras y además, forjando estrechos vínculos afectivos", sostiene Clark.
De hecho, Clark fue una de las invitadas especiales al noveno Congreso nacional de lectura 'Los niños son un cuento', organizado por Fundalectura y que tuvo lugar durante la pasada Feria del libro. Allí, la experta compartió su experiencia en lo que ella misma llama "el viaje a la lectura", que debe comenzar desde que la madre está embarazada.
Precisamente profesionales en salud infantil aseguran que los fetos son sensibles a los sonidos y empiezan a oír desde las 24 semanas y, por supuesto, a identificar con facilidad las voces de sus progenitores.
Es por eso que la madre puede entrar el mundo del bebé con palabras. Si así lo desea, puede leer en voz alta libros de relatos o invitar a su pareja a que lo haga.
Otra posibilidad interesante es contarle la historia de la familia, del amor de sus padres, de la vida diaria, de los preparativos que ha hecho la pareja para cuando llegue el momento del nacimiento. De seguro, el bebé los escuchará y todas esas palabras e historias irán estrechando los lazos familiares.
Bebés lectores
Entre los principales beneficios de leer a los bebés desde que están en el vientre o desde que nacen, sobresale el hecho de que esta práctica tranquiliza y relaja tanto al pequeño como a la madre. Además, permite que se convierta en una costumbre y forme un hábito que posteriormente el niño querrá repetir.
"Queremos que los bebés y los niños se conviertan en lectores durante toda su vida; por eso, empezamos a inculcarlo desde el primer momento de sus vidas, pues sabemos que lo que se aprende desde la niñez, se queda con nosotros siempre", resalta Clark.
Así, mientras van creciendo, leer por el mismo placer de hacerlo les brinda la posibilidad de ampliar su conocimiento en muchos sentidos.
Adicionalmente, les permite formar sus propias opiniones y aprender a ser tolerantes frente a otros, pues en los libros la representación de diferentes personalidades, actitudes y situaciones (encarnadas por los personajes) brinda la posibilidad de tener una idea de lo que posteriormente será la vida que ellos tendrán que afrontar.
En ese sentido, vale la pena destacar que los libros de narrativa, es decir, los que cuentan historias, cumplen un sinnúmero de funciones en la vida de los lectores. Además de entretener, informar, relajar, extender la imaginación, dar consuelo ante situaciones adversas, promueven el bienestar, satisfacen la curiosidad y proveen un escape hacia otras esferas.
De la misma manera, la lectura desde la primera infancia hace que el niño desarrolle más confianza en sí mismo, pues lo pone frente a situaciones de comunicación, lo cual lo prepara para que tenga las habilidades expresivas y de organización de ideas, las cuales son fundamentales para el desarrollo académico, profesional, intelectual, personal y, claro, afectivo del individuo.
"El amor a los libros es un regalo invaluable que los padres le pueden dar a sus hijos y cada niño tiene derecho a recibir esta herencia de creatividad y conocimiento", indica Clark.
La vida de los bebés está llena de nuevas y excitantes experiencias, pero necesitan de la guía y el apoyo de los adultos para que descubran el mundo y además, todas sus funciones cerebrales se desarrollen adecuadamente.
En ese sentido, la inducción al mundo de las letras adquiere un papel clave y predominante en la vida del niño, pues como dice Clark, "es en los primeros meses de vida que se le empieza a dar sentido al mundo y a comprender la realidad gracias a que podemos distinguir sonidos, formas, olores, sabores, texturas; todo esto puede ser dado por los libros, que posteriormente, durante la alfabetización, serán los protagonistas".
Habilidades comunicativas
A los bebés que se les estimula a amar la lectura, se convierten en lectores por placer, desarrollan un vocabulario más amplio, reconocen y comprenden las palabras leídas y escritas con mayor claridad que un niño que no ha leído.
De hecho, profesionales de la salud y la conducta infantil sostienen que hacia los 7 meses es fundamental construir habilidades comunicativas, tanto de expresión, como de escucha.
Así que no hay que esperar a que se inicie la etapa escolar para que los niños se vinculen con los libros y sus historias.
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