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Martes 14 de Febrero de 2012

A innovar... en la dirección

¿Es usted un innovador en dirección de su empresa? ¿Ha descubierto formas completamente nuevas de organizarse, liderar, coordinar o motivar? ¿Su empresa es pionera en lo que respecta a su dirección? ¿Ha inventado nuevas formas de dirección que sean la envidia de sus competidores?

La innovación es un imperativo para sobrevivir en el mundo actual de los negocios. El cambio cada vez más acelerado del entorno de los mercados; el aumento del poder negociador de los clientes, especialmente como fruto de la Internet; la rápida 'comoditización' de productos y servicios; la entrada de competidores de costos extremadamente bajos; las nuevas generaciones de consumidores resistentes a la mágica atracción de los grandes negocios y con gustos que no entendemos bien, entre otros retos actuales, llaman a una revisión profunda de los principios que han regido los negocios tradicionales.

Muchas empresas tienen metodologías formales para innovar en sus productos e incluso laboratorios de investigación para explorar las fronteras de su conocimiento. Prácticamente todas las compañías han dedicado, en los últimos tiempos, todos sus esfuerzos a reinventar procesos y hasta su propio modelo de negocio, ante la nueva realidad que han encontrado. Sin embargo, no se observa el mismo grado de afán en lo que más importa en las circunstancias actuales, que es la innovación en la manera de dirigir.

La innovación en la dirección puede definirse como apartarse de los principios tradicionales de dirección, sus procesos y sus prácticas; o apartarse de las formas organizativas que alteran la forma como se desarrolla el trabajo en todos los niveles de la organización. No todas las innovaciones de dirección crean ventajas competitivas. Sin embargo, la innovación, cualquiera que sea, sigue una ley inexorable: por cada idea que aporta gran contenido a la ventaja competitiva, hay una multitud de otras ideas que demostraron ser menos valiosas. Pero esta no es una excusa válida para no innovar. La innovación es un juego de números: entre más lo intentas, mejores son las probabilidades de conseguir jugosos resultados.

La dirección moderna de los negocios se ha basado en un conjunto de principios cuyos orígenes datan de hace más de siglo: especialización, estandarización, planeación y control; jerarquía y motivaciones, y retribuciones extrínsecas. No obstante, hay que tener en cuenta que todos estos principios de dirección heredados de la era industrial producen una empresa menos, en vez de más, adaptable al cambio, que parece ser la nueva realidad. La especialización, a pesar de todos sus beneficios, limita el tipo de aprendizaje que genera las ideas importantes e innovadoras, fruto de la diversidad de experiencias y puntos de vista.

Un ejemplo de empresa que ha innovado en su forma de dirección es Toyota, que desde hace mucho tiempo ha creído que los trabajadores de base pueden ser más que simples manos en una máquina de producción; pueden emplear toda su inteligencia para resolver problemas, innovar y convertirse en agentes de cambio.

Toyota le proporciona a cada trabajador entrenamiento, herramientas y permiso para resolver los problemas posibles antes de que aparezcan las consecuencias indeseadas. Como resultado, a través de cosechar el intelecto de la gente común, logra la ventaja competitiva de la cual goza hoy.

Por su parte, Whole Foods, cadena de supermercados que ofrece productos orgánicos del campo, de muy alta calidad, ha creado una red con sus empleados de base, cuyas innovaciones individuales abarcan muchas prácticas y procesos. Esta es una de las razones de su extraordinario desempeño empresarial frente a cadenas como WalMart, que clasificaríamos como una compañía dirigida con base en las prácticas de la era industrial.

En este sentido, los negocios podrían aprender de las 'buenas democracias' para mejorar sustancialmente su capacidad de adaptación al cambio. Con todas las dificultades, las verdaderas democracias han demostrado gran capacidad de evolucionar. En una democracia no existe el monopolio del accionar político y los partidos políticos, los grupos de interés, los centros de pensamiento y los ciudadanos corrientes tienen la posibilidad de influir en la agenda legislativa y en las políticas de gobierno.

Mientras que el cambio en los regímenes autocráticos se produce con procesos violentos, las transformaciones en las democracias son el producto de pequeñas variacioens relativamente tranquilas.

Si el propósito es el de una renovación continua, muchas empresas de hoy se parecen más a una monarquía y muy poco a una democracia.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
19 de septiembre de 2009
Autor

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