Jorge Volpi en su último libro El insomnio de Bolívar, nos recuerda, que a los latinoamericanos resulta tan exótico conocer a Botswana o a la Luna, que a la Paz o Santa Cruz. Es decir, vamos en vía de conformar una especie de subcontinente perdido, amenazado por la falta de integración y conciencia real de lo que debemos ser. Y como el mundo actual se divide entre 'naciones rápidas' y 'naciones lentas' -según Alvin Toffler- es válido poner como ejemplo de dicha alarma a Bolivia, dados sus rezagos económico- tecnológicos y sus graves conflictos políticos y sociales. Por eso, vuelve y juega la pregunta: ¿tiene futuro Suramérica? La amenaza terrorista, la corrupción generalizada, el fracaso de los 'diez mandamientos' de Washington, el armamentismo y la pérdida de sintonía de los partidos tradicionales, aconsejan repasar el 'caso' boliviano para deducir que las desigualdades, la droga y la pobreza sí podrían poner en jaque la estabilidad democrática de la región. Su historia ha sido un verdadero calvario, de principio a fin. Como lo afirmara Germán Arciniegas, durante mucho años "los niños jugaban a los ahorcados", influidos por el episodio en que fue colgado de un farol el presidente Villarroel. Ya pasaron los tiempos en que Bolivia producía el 97 por ciento del antimonio del mundo y el 53 por ciento del estaño. También es historia, casi antigua, el imperio económico del indio multimillonario Simón Patiño, su legendario explotador, cuyo 'genio' llegó a ser comparado con el de los Rockefeller y los Morgan. La sangre tiñe toda la historia de Bolivia, salvo contados paréntesis. Los mayores y coroneles se han repartido el poder a través de sus logias con clara inspiración nazi-fascista: fue costumbre entrenar a sus oficiales en la época de la Segunda Guerra en Italia y Alemania. El célebre Alcides Arguedas, resumió la tragedia boliviana en cuatro libros, cuyos títulos la explican por sí solos: Los caudillos letrados, La plebe en acción, La dictadura y la anarquía y Los caudillos bárbaros. En 1941, nació el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), acaudillado por Víctor Paz Estenssoro, quien se definía como enemigo de los judíos y del imperialismo yanqui, amigo de Perón y hermano de los militares. Se alzó con las mayorías a principios de los años 50, bajo un lema con mucha acústica: "no soy pronazi ni procomunista, ni antiamericano, sólo soy proboliviano". En 1952, hizo su entrada triunfal, mientras las multitudes gritaban "viva Perón, viva Eva". En ese momento, designó como su ministro al líder obrero Juan Lechín: sin duda, semilla de lo que ahora representa Evo Morales. Desde la muerte del general Barrientos, en 1969 -el 9 de octubre de 1967, habría ordenado la 'ejecución' del 'Che' Guevara-, los golpes militares se convirtieron en pan de cada día. Entre 1978 y 1982, Bolivia tuvo 9 presidentes. En 1985, Víctor Paz Estenssoro, volvió a ser elegido. Comenzó su gobierno pronunciando una frase apocalíptica: "Bolivia se nos muere". Y no exageraba: la inflación registraba un aumento del 8,767 por ciento en relación con 1982. Sin embargo, terminó su mandato después de haber logrado derrotar la hiperinflación y estabilizar la economía. De ahí en adelante, Banzer, Paz Zamora, Sánchez de Lozada y Mesa se limitaron a distraer un statu quo, poco menos que inmanejable. Hoy, en medio de peligrosos signos de inestabilidad, el presidente Evo Morales se encuentra ante una verdadera encrucijada: someterse al caudillismo delirante y fascistoide de Chávez, convirtiendo a su país en un laboratorio experimental del socialismo del siglo XXI, o, por el contrario, consolidar con pragmatismo y talento sus reformas, pero desde adentro. Adenda: en el histórico concierto de Juanes hubo un genio en la sombra: Fernán Martínez Mahecha.
Publicidad