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Martes 14 de Febrero de 2012

El drama carcelario

  La población carcelaria mundial continúa creciendo, y se proyecta que para finales del 2009 se sitúe en una cifra cercana a los 10 millones de reclusos. Lo curioso es que E.U., con tan solo el 5 por ciento de los habitantes en el planeta, alberga el 25 por ciento de las personas que se encuentran tras las rejas.

De acuerdo a las cifras presentadas por el Centro Internacional de Estudios sobre Prisiones de King's College, en Londres, se puede apreciar un panorama preocupante en el sistema carcelario y penitenciario mundial, empezando por la principal potencia. Con una rápida mirada a la completa base de datos de este centro académico, se hace notorio que en Estados Unidos el número de presidiarios se ha triplicado durante las últimas dos décadas, y hoy supera ostensiblemente a países como Rusia y China.

Entre los análisis que se han adelantado para explicar este comportamiento en territorio norteamericano, sobresalen las políticas de cero tolerancia frente al crimen impulsadas desde finales de los años 60, las cuales hicieron un énfasis en el combate al tráfico de drogas. Las consecuencias de 'la mano dura' en los gobiernos locales, evidencian que un poco menos del 30 por ciento de los presos se encuentra vinculado a actividades relacionadas con la cadena delictiva del comercio de estupefacientes.

Por supuesto, quienes han promovido el endurecimiento de las penas claman victoria y sostienen que gracias a ello se ha logrado una reducción progresiva del crimen. Lamentablemente, poco se han preocupado por los efectos que se derivan para el sistema penitenciario y la necesidad de mejorar el papel de resocialización que deben cumplir los centros de reclusión. En la actualidad, muchas cárceles estadounidenses experimentan sobrepoblación, no cuentan con los presupuestos necesarios para su adecuado funcionamiento y se han incrementado los incidentes de violencia dentro de ellas. Lo que es aún peor, de acuerdo a las estadísticas del Departamento de Justicia, cerca de la mitad de quienes cumplen sus condenas, regresan a los establecimientos penitenciarios dentro de los tres años subsiguientes al momento de recobrar la libertad.

Si así son las cosas en los naciones ricas ni qué decir en América Latina. En países como Bolivia, Haití, Paraguay y Perú, el porcentaje de reclusos en etapa prejuicio, es decir, sin que se les resuelva su situación jurídica, supera el 60 por ciento, lo cual acentúa dramáticamente las condiciones de hacinamiento y profundiza la crisis humanitaria dentro de las cárceles.

En el contexto regional, la población carcelaria sigue en ascenso. Mientras Brasil, México y Colombia registran el mayor número de encarcelados, países caribeños como Belize, Bahamas y Grenada cuentan con más de 400 reclusos por cada 100.000 habitantes, casi triplicando el promedio mundial.

America Latina, al igual que Estados Unidos, debe enfrentar esta problemática venciendo la indiferencia. Esto demanda hacer más por la prevención de la criminalidad, redefinir las penas frente a ciertos delitos, mejorar los esquemas de reincorporación a la sociedad, brindar mejor tratamiento sicológico a los prisioneros y evitar el hacinamiento. Pero para que esto ocurra, se requiere una institucionalidad penitenciaria técnica y profesional con mejores sistemas de política pública que pueda construir estadísticas y adelantar estudios con el fin de atacar el problema desde sus causas. De lo contrario, el statu quo seguirá siendo un drama cada vez peor.

ivanduquemarquez@gmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
30 de septiembre de 2009
Autor
IVÁN DUQUE MÁRQUEZ Consejero Principal por Colombia y Perú ante el BID

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